jueves, 22 de mayo de 2014

Alguna nota adicional a la última entrada

En mi última entrada olvidé momentos y lugares importantes del viaje...Tal fue mi empeño en intentar ser breve (no contando cada detalle) que al final dejé de relatar momentos relevantes...
Visitamos un sitio preciosísimo que me gustaría mencionar: el Cape Reinga o Cabo Reinga.
Here you are:

Este cabo es la punta noroccidental de la península Aupouri, en el extremo norte de la isla norte de New Zealand, o lo que es lo mismo, en to la punta de la isla norte, donde acaba New Zealand.
Está situado a más de cien kilómetros al norte de la ciudad más cercana, Kaitaia. Cerca de este sitio estuvimos también en las dunas más grandes que he visto yo en toda mi vida y en la playa de las noventa millas, cuyo nombre lleva a engaño, pues no mide noventa millas sino noventa kilómetros. No obstante, sigue siendo una barbaridad...¡Noventa kilómetros de playa! ¿Os lo imagináis? Los tres sitios son dignos de ser mentados porque son, probablemente, de lo más bonito que he visto hasta ahora en este país. 
No quería dejar de invitaros a buscar fotos para que deseéis venir a New Zealand y verlos en directo. 
Awesome!
Anyway, siempre podéis ver las fotos que Miguel, afanosamente, va colgando en Facebook para ilustrar este tiempo. 

Por otro lado, también quería contaros que Miguel dio un concierto en un bar en Paihia, el pueblo de Bay of islands donde nos alojamos. Si no recuerdo mal, las tres noches que pasamos allí, como buenxs borrachxs (a ver, a ver, que no cunda el pánico, lo digo porque una cervecita sienta muy bien), salimos a tomar algo después de cenar. El caso es que una de esas noches dimos con un bar (justo enfrente del hostel -tendría que haber hecho mención a los hoteles también, la verdad, pero...pero...no quería escribir tanto como Cervantes-) donde un entrañable señor estaba tocando la guitarra. Cuando llegamos, se dirigió a nosotrxs y nos preguntó si sabíamos tocar. El concierto era casi un concierto privado. Estaban el guitarrista en cuestión, los miembros de una familia (hermanos y hermanas, algún cuñado, la abuela, nietos y algún desorientado), los camareros, Miguel y yo. Obviamente, yo dije que Miguel sabía tocar y el señor (que era REALMENTE entrañable) le invitó a tocar. Miguel quiso esperar un poco, pero en cuanto el ENTRAÑABLE señor le invitó de nuevo dos canciones después, él se animó. Fue muy divertido. La gente que había allí disfrutó. Les gustó escuchar algo diferente porque Miguel cantó en español y además (no es amor de novia, es real), lo hizo muy bien. ¿El fallo? ¡Yo no llevaba el móvil y no pude hacer ninguna foto ni grabar ningún vídeo! ¿La magia? Quedará para siempre en nuestra memoria. Muchas veces esas cosas son más bonitas y mejores, pero parece que hemos perdido un poco el norte con esta sociedad hipertecnologizada.

Volveré pronto con nuevos datos de nuestra cotidianeidad. 

Disfrutad de vuestra incipiente primavera. Aquí el otoño no se ceba. El tiempo sigue siendo muy aceptable. No obstante, no puedo negar que a veces os imagino en manga corta por Madrid, Guadalajara, Londres, Málaga or whatever (resulta que Blogspot me dice desde dónde me leen y me ha impresionado ver que es desde más sitios de los que yo imaginaría) y me dais envidia. Sí, sí, ya sé que yo estoy viviendo un sueño hecho realidad... :)

¡Besos desde muy lejos!

sábado, 17 de mayo de 2014

Una crónica de la mejor de las visitas

Aquí estoy de nuevo. 
He tardado en reaparecer, pero no me había olvidado de este rinconcito. 
La buena noticia es que, como imaginaréis, hoy sí que vengo con un buen cargamento:
Mi madre y su amiga Pocha (una buena amiga de toooda la vida -son amigas desde que eran pequeñas-) llegaron el sábado 19 de abril, un día después del cumpleaños de Miguel (¿sabéis ya que le he regalado a Miguel un viaje a Tonga por su cumpleaños? Podéis buscar fotos en Internet y moriros de la envidia...) Fui a buscarlas al aeropuerto y como habían llegado una hora antes, no tuve que esperar nada. Estaba puesta en la puerta de llegadas como una pringada cuando escuché a Pocha llamarme por detrás. Me giré y...¡ahí estaba la mía mamma! ¡Qué ilusión! Ahora que lo rememoro (y parece un acontecimiento muy lejano en el tiempo), me pongo un poco triste. 
Como yo ese día tenía que trabajar, pude acompañarlas hasta el centro de la ciudad y allí las recogió Miguel (él había trabajado por la mañana y estaba saliendo cuando nosotras llegábamos a la ciudad). Yo me marché a trabajar y Miguel, Pocha y mi madre se fueron a casa. El domingo yo también tenía que trabajar, pero lo bueno empezó por fin el lunes. Miguel tenía libres martes, miércoles y jueves, pero como yo tenía libre desde el lunes (hasta el siguiente lunes, ambos inclusive), nosotras alquilamos el coche ese día y nos fuimos a conocer Piha, una playa cerca de Auckland, como a media hora en coche, que es muy bonita. 
La aventura en coche es digna de ser mentada. Como bien sabréis, aquí se conduce al revés (colonia británica), pero además nos dieron un coche automático, cosa que parece fácil en principio (y lo es, lo es), pero asusta cuando nunca has conducido uno, ves que tiene una palanca con letras y tienes que incorporarte, directamente, a una calle ancha y con tráfico. Cuando nos montamos en el coche, volante al otro lado, y mi madre vio aquella palanca, le cambió la cara. Entré de nuevo al sitio del alquiler de vehículos para preguntarle a la chica y me explicó para qué servía cada letra (una para arrancar, otra para parar -como un punto muerto-, otra para la marcha atrás y dos más que dijo que no necesitábamos...-sin comentarios-). Así que, bien echá palante como es mi madre, salimos a Beach Road, la calle en la que vivo y en la que habíamos alquilado el coche. Al principio fuimos un show. Mi madre, como es lógico, iba de los nervios y yo tampoco ayudé mucho, porque me puse un poco nerviosa también. Sólo os digo, como dato, que nos metimos (por mi culpa) en dirección contraria en una de las calles más importantes del centro de Auckland (Albert Street, para más datos). Camino de Piha también la liamos alguna vez más. La mejor de todas fue cuando nos incorporamos en dirección contraria en una pequeña carretera, bonita y LLENA de curvas...Teníais que haber visto la cara que se le puso a la conductora del coche que apareció de frente...¡jajajaja! Un susto, no más.
Ese primer día sólo condujo mi madre. La pobre se comió el marrón de entender cómo funcionaba el trasto aquel. Y no fue hasta la noche cuando cogí yo el volante. Fuimos a buscar a Miguel a la salida del trabajo y ahí me atreví yo a conducir, pensando que al día siguiente ya empezaba el viaje largo y no podría conducir sólo la mujer que me parió, valiente como ella sola. Por la noche Auckland estaba casi desierta, así que fue fácil. Le pillé el punto rápidamente y fue todo perfecto hasta que llegamos a la puerta de la parrilla donde trabajaba Miguel. Allí nos esperaba con dos de sus compañeros para llevarlos a sus casas...¡casi me muero de la risa! Jugándose la vida gratuitamente, los pobres muchachos...No, ahora ya en serio. La verdad es que no me puse nada nerviosa. Quien me conoce, sabe que me encanta conducir. Y está mal que yo lo diga, pero creo que no lo hago mal, así que sólo hice unas bromas sobre lo arriesgado del viaje, los llevamos a sus casas y volvimos a la nuestra. Todo en orden. 
El martes salimos camino de Bay of islands (otra vez os invito a buscar fotos en Internet), un paraíso. Sé que pensáis que podría poner yo alguna foto y no descarto la posibilidad, pero eso será cuando termine de escribir. Como imaginaréis, no escribo directamente en el blog, sino que lo hago en un word y luego pego el texto en el blog. Lo mismo me animo y pongo alguna foto mía...Es que sí ya de por sí me da pereza, encima ahora me da más porque hemos formateado el ordenador y tengo que enchufar el disco duro de Miguel para buscar fotos. En otros momentos aludo al poder de la imaginación, pero ahora podéis buscar fotos en Internet y todxs tan contentxs. Bay of islands. Esa es la clave. Donde seguro que pondremos fotos (gracias al esfuerzo de Miguel) será en Facebook. 
(Cómo me gustan estas paradas gratuitas y aparentemente sin sentido. Todo hila, todo hila...)
Decía que el martes salimos camino de Bay of islands, ahora sí con Miguel. No fuimos directamente, sino que dimos un poco más de vuelta para pasar por otros sitios bonitos, interesantes o divertidos. Vimos el kauri (especie de conífera endémica del norte de la isla norte de New Zealand -¿cómo os habéis quedado?-) más grande (y por ende, más antiguo) del país. Una pasada de árbol...Tane mahuta, se llama el bichito. Por el camino nos diluvió, nos salió el sol, vimos como siete arcos iris, volvió a llover, a brillar un sol espectacular y así todo el rato...Lo del tiempo en New Zealand es una locura. Yo no termino de acostumbrarme. No hay un sólo día entero que sea atmosféricamente igual. Nunca un mal día será malo todo el día. Lo mismo si amanece soleado. No te fíes...
Llegamos a nuestro hotel en Paihia el martes por la noche y el miércoles hicimos un crucerito por la bahía (bay significa bahía, sí) para ver las islas (las islands, ya tú sabes). Muy bonito, la verdad. Muy, muy bonito. ¡Y lo mejor de todo es que hizo bueno todo el día! Yo estaba convencida de que nos iba a llover en medio del crucero, pero no fue así. Pudimos disfrutar de un agradable sol y comimos en una de las islas porque el crucero hacía una parada en ella. Una pasada. Verde, azul y mar por todas partes....


Como no quiero ponerme pesada describiendo día a día cada paso que dimos, diré que el jueves seguimos con las excursiones (viendo sitios bonitos, vaya...) y el viernes por la mañana tuvimos que salir camino de la gran ciudad again porque Miguel trabajaba por la tarde. Nosotras ese día paseamos por Parnell y el sábado por la mañana nos fuimos a Hobbiton! Para quien no lo sepa, "El señor de los anillos" se rodó en Nueva Zelanda (sí, esos paisajes son reales, no hay montaje ni son escenarios) y Hobbiton, la morada de los hobbits, está como a una hora y media de Auckland. Se pasan un poco con el precio de la entrada y entra demasiada gente en cada turno, por lo que íbamos un poco como piojos en costura (¿de dónde vendrá esa expresión?), pero el sitio es espectacular y fue muy divertido terminar tomando una cerveza en el Green Dragon, el bar de Hobbiton. Ese mismo día, cuando terminamos donde los medianos, nos fuimos a Rotorua, una ciudad conocida por su olor a huevo podrido fruto de la cantidad de géiseres que hay por todas partes. Alucinante...Yo nunca había visto un géiser y no me imaginaba que de la Tierra pudieran salir esos calores...Sé que el centro de la Tierra está caliente, antes de que alguien piense que soy lerda. Pero es que ver cómo hacen blublu los barros y las aguas es impresionante. Me encantó, la verdad.




Bueno, como decía, al salir de Hobbiton dirigimos el coche automático a Rotorua, pero por el camino paramos en Tauranga, una ciudad en Bay of Plenty, y allí, contra todo pronóstico, nos encontramos con Pierre, el hermano de Agua, una amiga de mi hermana. Ya os he hablado anteriormente de él porque estuvo en mi casa, en Auckland, cuando aterrizó en New Zealand. Pero luego se marchó en busca de trabajo a otra parte y yo ni siquiera sabía por dónde andaba...Paseábamos por Tauranga cuando nos lo encontramos sentado en una terraza tomando algo con unxs amigxs. De coña...
Esa noche dormimos en un hotel en Rotorua donde el indio de la recepción fue muy majo y pudimos oler a huevo podrido según nos bajamos del coche...y a la mañana siguiente fue cuando vimos el blublu de la tierra, las aguas salir a chorros y los vapores del agua hirviendo. Allí también vimos un marae. Los maraes son centros de reunión de los maoríes. Son sagrados y constan de un edificio central, principal, y de pequeños edificios aledaños. Me pareció muy bonito. Lo que se ve al fondo es un marae (más concretamente, el que yo visité, en Te Puia, pero a esos señores no los vi, no). 


Desde que llegué a este país, aun sabiendo que los maoríes existen porque los veo por la calle, no había tenido contacto con su cultura hasta este viaje, donde pude saber más de cómo son, de dónde salen, en qué creen o cómo son sus esculturas. Hacen unas tallas en madera que, salvando las distancias (nunca mejor dicho), podrían parecerse a lo que se os viene a la cabeza si pensáis en arte africano. Esto, con una licenciatura a mis espaldas, es una paletada como una catedral, pero es para que os podáis hacer una idea. Ale, ahí dejo la simpleza de que por ser tallas en madera pueden recordar al arte africano...

File:WahineTane.jpg   


Sí, me he dado cuenta de que lo mejor que podía hacer era pegar unas fotos. Ahora podría borrar la paletada de arriba, pero mejor la dejo. Así soy yo.

 

La cagada de la excursión llegó al día siguiente. El siguiente destino era Tongariro, que no está nada cerca de Rotorua...Nos chupamos unas cuantas horas de coche para llegar allí por la noche y enterarnos de que al día siguiente estaba terminantemente prohibido subir a las montañas (en realidad son tres volcanes: el Tongariro, que es el más bajo de los tres, pero el que da nombre al Parque Nacional -es la montaña del anillo en "El Señor de los anillos", el Ngauruhoe y el Ruapehu). Nosotras no pensábamos hacer una excursión de montañeras, pero sí pretendíamos acercarnos a la parte baja de los tres volcanes para admirar su inmensidad desde abajo y, por el camino, ver el paisaje del maravilloso parque. Pues...mi gozo en un pozo. No pudimos hacer ni tan siquiera eso porque al día siguiente, cuando nos levantamos, la niebla no nos dejaba ver lo que teníamos a dos palmos. Y encima llovía como si no hubiera un mañana...Lo intentamos. Nos acercamos al Tongariro. Y nada. No se veía una mierda. Tampoco pudimos acercarnos a varias cascadas que hay por la zona, excursiones de una o dos horas (en contra de las nueve o diez horas que se tarda en hacer el Tongariro alpine crossing, que haré con Miguel próximamente). Así que con las mismas cogimos el portante...y nos fuimos a Waitomo, el famoso sitio de las luciérnagas. El nombre del área, Waitomo, proviene del maorí: wai (agua) y tomo (hoyo). Bajo las verdes colinas de Waitomo, yace un laberinto de cuevas, simas y ríos subterráneos. Muchas de las paredes de estas cuevas (llenas de estalactitas y estalagmitas), están repletas de una galaxia de luciérnagas nativas de New Zealand. Como imaginaréis, allí está terminantemente prohibido hacer fotos, así que las que os pongo, para que os podáis imaginar el sitio, están sacadas de su página web. Nosotras no lo vivimos exactamente así, pero supongo que es porque las fotografías que pueden hacerse allí dejan mucho que desear...Después de andar por las cuevas, acabas montando en una barca donde te enseñan las luciérnagas.



Obviamente, todo estaba mucho más oscuro y la luz de las luciérnagas no es exactamente así. A mí me pareció más bonito que en estas fotos. 
Al salir de Waitomo, volvimos a Auckland. Ya era lunes y yo trabajaba al día siguiente. Desde el martes hasta el sábado yo tuve que trabajar, pero como tenía libres las mañanas (realmente tenía libre hasta las 17:30 todos los días), seguimos haciendo cositas por aquí. 
Ya he dicho más arriba que no parece necesario relatar cada paso. Obviamente, me he dejado un sinfín de cosas por el camino. He ido al grueso de la excursión. Pero entre punto y punto de los relatados nos hartamos de ver paisajes verdes, montañas, bosques y bosquecitos (selvas, como las llamaba Pocha), vacas, ovejas, pájaros patilargos (así los llamo yo, ¡pero acabo de descubrir que se llama pukeko! Miguel y yo habíamos pensado mil veces tratar de averiguar cómo se llaman y no ha sido hasta ahora, escribiendo estas líneas, que por fin lo he hecho!). Aquí podéis ver a mis amigos los patilargos. Me encantan...Aunque en esta fotografía no se aprecia bien por qué los llamo "patilargos". 


El domingo, último día de mi madre y de Pocha aquí (su vuelo salía bien temprano el lunes), alquilamos de nuevo un coche para poder llevarlas al aeropuerto al día siguiente y nos fuimos a Long bay, una playa que no está lejos de Auckland y que es muy bonita, no sólo por la playa en sí sino también por el entorno. Ya unos días antes, cuando estuvimos en Takapuna, mi madre dijo que había visto su sueño hecho realidad. Aquí volvió a verlo: ¡playas que tienen césped al lado! Todo es tan verde...

Siendo consciente de la infinidad de cosas que quedarán en nuestra retina y en nuestro recuerdo, pero que no quedan plasmadas en estas líneas y tampoco en fotos, voy a empezar a dar por concluida la crónica del viaje. Seguro que luego, cuando me relea, me acordaré de más cosas que no serán, al fin y al cabo, más que detalles. 
Lo importante, lo realmente importante, es que pude disfrutar de mi madre dos semanas. No podéis imaginaros hasta qué punto la echaba de menos...Su visita fue como un soplo de aire fresco en la rutina del trabajo. Últimamente vivo con la sensación de que sólo trabajo, duermo y como. Estoy contenta porque tenemos proyectos y planes, pero tampoco quiero vivir en el futuro. Y el día a día, a veces, se hace un poco pesado. Disfruto de la compañía del mejor de los amigos, pero eso no me impide echar de menos a mi madre y a mi hermana. Me acuerdo mucho de ellas. Se me hace muy raro estar tan lejos...Así que poder abrazarla fue como un bálsamo...Me dio fuerza y energía para seguir. Y me animó saber que ella se fue feliz por verme contenta, ilusionada y llena de vida. Mi madre es, sin duda, una de las personas más valientes que conozco. Siempre lo ha dado todo por nosotras sin pedir nada a cambio y a mí me dio mucha pena alejarme de ella, pero como ha podido comprobar, estoy aquí aprendiendo a ser libre y volando. A veces hay que alejarse de lo que más se quiere en este mundo para aprender a quererlo mejor aún. 
Los primeros días me sentí un poco agobiada por el hecho de que se habían gastado mucho dinero para llegar hasta aquí y yo quería que todo fuera perfecto, pero luego me relajé (siempre Miguel a mi lado...) y me di cuenta de que para mi madre todo iba a ser perfecto estando junto a mí, así que pasamos unos días maravillosos. Yo dejé de autoexigirme y me di cuenta de que así funcionaba mejor. Traté de planificarlo todo para que fuera genial sin buscar la perfección porque supongo que eso no existe. 
Palabras de gratitud a Pocha, que acompañó a mi madre en este periplo mundial, durmiendo y riendo en aeropuertos everywhere. 
Ahora parece que hace muchísimo que se marcharon, pero realmente no hace tanto...El tiempo, el tiempo...
De momento intento no pensar que me queda mucho para volver a verla. Me quedo con lo positivo que fue nuestro reencuentro y sueño con que el siguiente no tarde en llegar, pero mientras aprovecho el instante, aprendo y crezco. Cada cosa tiene su momento y yo ahora estoy aquí. 
Nos hemos prometido que volverá a acompañarme en mi siguiente viaje después de volver a España, que ya sabéis que será por Latinoamérica. Seguimos teniendo la misma idea que ya he contado anteriormente: volveremos viajando por Asia, pasaremos un tiempo en España ahorrando y luego queremos viajar a Latinoamérica. La vida da muchas vueltas, por eso es mejor vivir sin guión, pero no está de más tener ideas que ordenen el camino. Para nosotrxs ahora seguir volando es importante. 
Mamá, te estaré eternamente agradecida por tu valentía y tu amor incondicional. Estoy muy orgullosa de ti y de ser tu hija. 

miércoles, 16 de abril de 2014

Superando la onicofagia

Digamos que publico esta entrada sólo para poder utilizar una palabra que acabo de aprender...pero  de paso aportaré información trascendental.

Quiero contaros que desde que llegué a Nueva Zelanda, estoy superando la onicofagia. Quien me conoce (la madre que me parió podrá darme la razón sin ninguna duda) sabe bien que esta costumbre me ha acompañado toda la vida. He pasado épocas mejores, épocas peores...pero siempre ha estado ahí. Ni los "pintauñas" de farmacia con mal sabor, ni los guantes de comunión que mi abuela me compró en una mercería, ni apretarme con una mano los dedos de la otra, ni dedicarme a las cutículas con ahínco, ni los golpetazos que podían pillarme desprevenida y hasta hacerme daño...nada de nada. 
Pero ahora parece que lo estoy consiguiendo...

onicofagia.

(Del gr. ὄνυξ, -υχος, uña, y -fagia).

1. f. Costumbre de comerse las uñas.


En cualquier caso, les diré yo a estos señores de la RAE que no deben conocer a mucha gente con esta costumbre porque, por lo general, no te las comes sino que te las muerdes. Cuando alguna vez se me ha colado una uñilla...uy, ¡qué daño! No están para comérselas, no. La cosa es mordérselas.

martes, 15 de abril de 2014

En la vida todo llega, todo pasa y todo cambia.
Todo llega: mi madre llega en cuatro días. 
Todo pasa: disfrutaremos de unos días y luego se tendrá que marchar de nuevo.
Todo cambia: yo ya no soy la misma.
Si os digo la verdad, estoy nerviosa. No sé qué me pasa, pero supongo que está relacionado con el viaje y la llegada de mi madre. Llevo un par de días durmiendo raro y descansando poco.
El viernes es el cumpleaños de Miguel y como hoy y mañana estoy libre, voy a dedicar estos dos días a sus regalos (que no puedo mentar aún por razones obvias) y a preparar las excursiones con mi madre y Pocha (para toda aquella persona que aún no lo sepa, mi madre viene con una amiga de toda la vida). 
Vamos a pasar unos días en Bay of islands, un sitio al norte de la isla norte que (al menos a juzgar por las fotos que he visto y por los comentarios de la gente) debe ser increíble. Pero como yo tengo ocho días libres, tengo que pensar bien qué vamos a hacer para aprovecharlos al máximo. 
Miguel va a empezar a trabajar en mi restaurante (no es de mi propiedad, no) y estamos felices con ello. 
De momento, seguimos pensando en permanecer en Auckland todo lo que podamos para ahorrar lo máximo que nos sea posible y luego volar a Asia con ello. 
Hay días que echo de menos España, ya ves tú. Porque España no es un país, España es mi gente, es el sol, las cañas, pueblos y parques, ciudades y una forma de ser, un calor diferente, un ambiente sin igual. 
Pero España (aunque nadie sabe cómo o en qué condiciones) seguirá ahí. Y yo volveré algún día. 
Tengo la impresión de que el tiempo es más relativo que nunca para mí. Vivo con la sensación de que los días ya no son días sino horas y sucesión de momentos. Es como si los días durasen la mitad porque cuando yo me acuesto, vosotrxs os despertáis y viceversa. Sigue haciéndoseme extraño. 
Curiosamente, cada día echo de menos a menos gente. A menos, y menos, y menos...
Pero, como ya estaréis hartxs de escuchar, echo de menos a mi madre y a mi hermana. A rabiar. Me repito más que el ajo, ya lo sé. Por cierto, ahora compramos un hummus que se llama "gloriously garlic" que a Miguel le gusta a pesar de tener mucho ajo. El ajo es bueno para todo y es el mejor antibiótico natural. Alberto, ¿qué tal llevas los ajos en ayunas? Para todo/a aquel/la lector/a de estas líneas, sabed que comerse un diente o dos de ajo en ayunas todas las mañanas es una de las mejores cosas que podéis hacerle a vuestro sistema inmunitario.
Me acuerdo mucho de mi padre también. Le mento menos porque en mi cotidianeidad antes de marcharme él estaba menos presente (básicamente, porque vivía lejos de donde yo estaba -ahora está más lejos, claro-), pero me acuerdo mucho de él. Le pienso mucho y proyecto buenas energías hacia Benidorm. Mi padre me enseñó lo del ajo crudo, como tantas otras cosas. Mi padre, esa pequeña gran fuente de sabiduría. Mi padre, el que me ayudó a crecer y me dio tantos y tantos conocimientos y un cariño especial. No sé cómo quieren otros padres a sus retoños, pero estoy segura de que a mí el mío me quiere muy bien. 
Ayer vino un cliente de Liverpool al restaurante y como ya estaba casi cerrando, me pude permitir charlar un buen rato con él. El acento que más fácil se me hace es, precisamente, el de la ciudad natal de los Beatles, esa música con la que crecí porque mi padre tiene buen gusto musical. Con mi padre iba al Museo del Prado. Y con mi padre crecí escuchando buena música. Mi padre, ese melómano al que adoro. 
Papi, qué ganas de abrazarte...

sábado, 12 de abril de 2014

Hablar de la vida de otras personas sería más fácil porque hablar sobre mí me cuesta. No me gusta demasiado. Sé que esta idea es contradictoria con el hecho de haber abierto este blog, pero es así. Supongo que la vida son contradicciones y los seres humanos somos contradicciones con patas. Puedo imaginar que luchar contra esa esencia es parte de la tarea que deberíamos asumir.
Pero como tampoco me gustaría hablar de la vida de otras personas, lo mejor sería inventar vidas. Por eso siempre he querido escribir. Y a la vez me siento incapaz. Son muchas las cosas que he empezado, ninguna la que he terminado. Y la mayoría de los textos que he iniciado, sin mucha pretensión, están en un cajón que sólo yo abro. 
Cuando estaba a punto de venir a New Zealand, pensé que quizá aquí encontraría el tiempo, el espacio y la inspiración. Y resulta que apenas tengo nada de eso, a pesar de que estoy más conmigo misma que nunca. Porque trabajo mucho y porque supongo que la inspiración es algo repentino. Dicen que no sé quién dijo que la inspiración tiene que pillarte trabajando. Creo que fue Picasso. Pero no sé cómo podría pillarme trabajando la inspiración si no encuentro cómo empezar...
Me pasa con cierta frecuencia que estoy haciendo cualquier cosa y de repente tengo un ataque de lucidez que me hace correr hacia un cuaderno. Ideas que algún día podrían tomar forma. Pero luego no la toman. Ahí están. Aparcadas. Casi olvidadas. 
Yo lluevo y brillo y eso se refleja en las cosas que escribo. Soy como un día en Nueva Zelanda. Lluevo y brillo en cuestión de segundos. Puedo cambiar de un estado al otro en poco tiempo. No sé si eso es bueno o es malo, pero así es. Así soy. La cuestión es que soy feliz y supongo que al final del camino eso es lo que todas y todos queremos. Así que sonrío. No lloro. O sí, claro. Porque soy llorona. Tampoco sé si es bueno o malo. Y no sé si me gusta o no. Pero no lo puedo evitar. Es mi forma de ser y siempre he sido así. Supongo que soy pasional y vehemente. Y supongo que eso es malo cuando te hace sufrir. Pero yo estoy aprendiendo a encajarlo y a aprovecharme de ello. Antes sufría más. Ahora voy aprendiendo a medirme. Supongo que finalmente será verdad eso de que los años pueden servir para algo. Pero siempre me negaré a la sacralización de la edad. El tiempo no nos hace inteligentes. De hecho, me atrevería a decir que el tiempo hace que la gente tonta sea más tonta, la gente estúpida se estupidiza más. 
El otro día preguntaba una conocida si concebíamos el término "ambición" como algo positivo o negativo y a mí me dio qué pensar. Me planteé si la ambición es buena o es mala y por qué. Y una vez más recurrí a mi odiada RAE, a esa panda de catetos cultivados que piensan, escriben y dictan con la polla que caracteriza a la sociedad patriarcal en la que vivimos. Dicen estos, digo, que la ambición es el deseo ardiente de conseguir poder, riquezas, dignidades o fama. Y yo me planteé entonces que si suelo pensar que la ambición es negativa es porque el poder, las riquezas o la fama no son cosa buena o al menos se me antoja como algo negativo buscarlas (o buscarlas ante todo). La fama podría ser buena en otro mundo, pero mira y piensa...¿quién y por qué es famosx hoy? Otra cosa es eso de la dignidad. Si la dignidad es la excelencia, entonces es bueno ser ambiciosa en ese sentido...Pero es verdad que la dignidad puede ser también un cargo o empleo de autoridad. Mierda pa mí otra vez. 
No sé si soy ambiciosa. Pero sé que quiero muchas cosas, todas relacionadas con mi mundo interior. Tengo un mundo interior inmenso. A veces siento que mi mundo interior es más grande que el que piso. Me late, me arde, me quema y me hiela. Me come por dentro. Y las palabras a veces no sirven. Leí hace poco una poesía de Rafael Alberti que decía que él nunca sería de piedra, que lloraría, reiría y gritaría cuando hiciera falta. También decía que contaría cuando hiciera falta. Eso intento yo. Contar. Transmitir. Pero no sé si lo consigo. A veces tampoco sé por qué intento contar. De vez en cuando no sé si tiene sentido. Somos seres solitarios. También sociales, sí. Claro. Pero no es lo mismo sociedad  que gregarismo y a mí me da pereza la humanidad porque creo que es un fallo. Somos un fallo. El planeta funcionaría mejor si no lo pisáramos. 
Yo, que creo que podríamos no estar, he decidido estar en muchas partes. Por eso quiero viajar. Por eso ahora estoy en la otra punta del mundo. Pero ya no estoy boca abajo porque intento quitarme de encima el puto etnocentrismo (qué cosa...Parece que sólo del llamado primer mundo. Y sigo sin saber dónde está el segundo mundo).
A veces me hago gracia porque creo que mi discurso puede sonar a jipi trasnochada. Y lo peor de todo, lo más triste, es que siento que no digo más que cosas lógicas. Eso pensará cada cual de sus sentencias, digo yo...Qué pena. Sí, también digo tonterías, claro. Muchas. A diario. Pero mi filosofía de vida, las cosas en las que creo en lo más profundo de mi corazón, me parecen básicas, sencillas y para todos los públicos. Y el mundo se empeña en llevarnos la contraria. Hablo de igualdad. IGUALDAD.
Ahora sólo quiero que llegue mi madre. Estoy deseándolo. Ya sólo queda una semana. UNA SEMANA. 
Ahora los días tienen más sentido. Entiendo mejor eso de que un día son veinticuatro horas desde que cuento los que me quedan para abrazar a mi madre.

sábado, 5 de abril de 2014

Volar

Hay días como hoy en que tengo ganas de escribir, pero siento que no tengo qué poner. No me apetece hablar de rutinas, de cotidianeidad, del día a día. Me apetece hablar de sueños, proyectos, ilusiones...
Hoy vengo a hablar de los planes que tenemos para el futuro a medio plazo. Algunxs ya los conocéis porque hemos hablado, pero parece que haciéndolo oficial va a ser más real y lo voy a ver más cerca.
Pretendemos aguantar en Auckland todo lo que podamos trabajando para seguir ahorrando. Luego viajaremos por New Zealand (no tanto como igual pensamos en un primer momento porque este país es caro y, al fin y al cabo, yo creo que tampoco da para tanto) y después comenzará la aventura. No sé si pasaremos primero por Australia, pero lo que está claro es que después volaremos a Asia. Es muy probable que aterricemos en Malasia porque es el primer país del gran continente donde podemos parar a precio asequible. Como es el que más cerca nos pilla, desde ahí (supongo que ya todo por tierra) continuaremos por Vietnam, Laos, Camboya, quizá Bangladesh...hasta India, lugar desde el que regresaremos a España. 
La idea es estar en España una temporada para volver a reunir dinero y después volar de nuevo, en esa ocasión rumbo América Latina. Ahí lo dejo.
Volar, volar y volar. En todos los sentidos.

VOLAR

martes, 1 de abril de 2014

Todo el amor matutino

Supongo que los años me han endurecido, como a cualquier persona. Me imagino que es un proceso normal, nada raro. Los conflictos, las desilusiones y los sueños frustrados, parte de la vida de cualquiera, van marcando. Y vamos cambiando. Pero esos cambios no tienen por qué ser a mal. Volverse más dura, que cueste más decir y sentir cosas bonitas, desconfiar de los sentimientos, pensar que todo tiene fecha de caducidad…nada de eso tiene por qué ser malo. Puede ser, simplemente, inteligente. Y a pesar de todo eso, a pesar de que ahora ya no sea tan ilusa como antaño, aunque ya no me creo las cosas como antes, ahora soy mucho más feliz. Mucho más. Y no me importa equivocarme o apostar sin saber si voy a ganar. Ahora sólo sé que quiero sonreír y hacer sonreír a mis personas queridas, que es posible que cada vez sean menos, pero cada día son más importantes. Os quiero. Vosotras y vosotros sabéis quiénes sois. Y sabéis cuánto os necesito a mi lado, pero de la forma más positiva del mundo.
Miguel es, sin duda, lo mejor que podía haberme pasado. Me siento libre y soy muy feliz. Su sonrisa por las mañanas o las miradas de complicidad, sentir que me entiende entre dos millones de personas que jamás serían capaces de comprender ni una miaja de lo que me late...No me da miedo decir esto públicamente porque cualquiera que me viera, podría saber que siento verdadero amor. Pero no amor del romántico, no. Amor del de verdad, del que es, sobre todo, amistad. Amistad pura y auténtica.
Me gusta perderme contigo por las calles de esta ciudad y me encanta soñar con los momentos en que continuaremos viajando por el mundo. Está claro que el día que emprendimos este viaje iniciamos un viaje sin retorno del que estoy muy orgullosa.
Hoy es nuestro día libre conjunto. Hace ya una semana del último y hoy, de nuevo, volverá a ser maravilloso. Aprovecharemos cada minuto.
El martes pasado descubrimos un pequeño parque en el corazón de Auckland que a mí me enamoró. Primero estuvimos tumbadxs en el puerto, sol en la cara. Después paseamos hasta ese parque que tiene algo mágico que me cautivó. Mamá, estoy deseando llevarte. Ha empezado la cuenta atrás. Ya estamos en abril. Nos quedan dieciocho días para vernos…
Después visitamos un cementerio increíblemente especial. Me acordé de mi hermana (a la que echo de menos a rabiar) porque le gustan los cementerios. No me extraña. Son lugares tranquilos. Dan calma, dan paz. Era un cementerio antiquísimo. La lápida más moderna rezaba que la persona que descansaría allí para siempre había pasado sus últimos días en 1915. La mayoría de las sepulturas eran del s. XIX y apenas se podían leer. La humedad de Auckland y, sobre todo, los años habían hecho estragos en ellas. Me encantó. Magia.
Hoy seguiremos paseando. No sólo paseamos por las calles, también nos paseamos nosotrxs. Sé que eso puede tener mil lecturas. Las tiene todas.
Me encuentro en armonía.
Hay días que me canso mucho de la rutina, del restaurante, de sentir que todos los días se parecen y que, en cierto modo, vivo un poco en el futuro, deseando que llegue mi madre, deseando viajar por Asia, deseando, deseando…Pero supongo que eso tampoco tiene por qué ser malo.
He aprendido a relajarme, a no exigirme siempre más y más, a no juzgarme duramente si no soy siempre como quiero y si no hago siempre las cosas como creo que deberían ser. Soy una persona más tranquila. Estoy más en mí. Creo que estoy más en mí que nunca. Y eso que echo de menos a mi madre y a mi hermana mucho. Y a Laura. Os echo de menos. Me fastidia no estar en vuestro día a día, no estar viviendo con vosotras las cosas que os están pasando y no poder tomarme una caña con vosotras o que nos riamos de cualquier cosa. Carmen, de ti también me acuerdo mucho. Hay personas que van calando poco a poco y un día están muy dentro sin que apenas te hayas dando cuenta de cómo ha pasado.
Pero como ya he dicho más de una vez, en el fondo no me preocupa. Sé que estáis ahí y vosotras ya sabéis dónde estoy y que volveré para que nos dediquemos el tiempo que nos merecemos.
Me acuerdo también de mi amiga Nita, que es una de las personas más dulces que conozco. Ella sí que da paz…Y de mi querida Kalvi, a la que parece que descubrí tarde, pero de la que no quiero separarme. Men, qué podría decir de ti…Amor es lo que me inspiras.
Me encanta sentir presentes incluso a aquellas personas de las que no sé mucho y tengo que reconocer que me está sorprendiendo cómo está comportándose la gente en mi ausencia. Gente a la que esperaba cerca no está y gente de la que quizá no esperaba tanto, está súper presente. Estar no es hablar todos los días, estar no es tener que dar el parte. Estar es lo que vosotrxs ya sabéis. Alberto, eres genial y lo sabes.
Que no se sientan mal aquellas personas que no han sido mencionadas en estas líneas. No es por nada. Tengo mi corazón lleno de amor y a veces me acuerdo más de unas y otras veces recuerdo más a otros. No es por nada. Supongo que son rachas. Pero mi madre y mi querida hermana ocupan un lugar especial e irremplazable. El amor que siento por mi hermana sólo ella puede entenderlo. Es quizá lo más especial que me ha pasado nunca. Hay veces que no nos entendemos (bueno, desde que estamos lejos, eso no pasa…), hay momentos en que no somos capaces de comprender comportamientos o actitudes de la otra, pero me siento muy orgullosa de ella siempre y me encanta que me haya tocado tan cerquita.
Os preguntaréis por qué estoy tan amorosa. Buena pregunta. No lo sé. Me he levantado inspirada.
Uno de los mayores placeres de la vida es escuchar a Miguel tocar la guitarra. Me calma y  a la vez me inspira. Me recuerda todo lo que quiero ser. Despertarme cada mañana y verle sonreír y que esas sonrisas muchas veces vayan seguidas de notas…
Hoy estaba tumbada en la cama escuchándole tocar y recordándome a mí misma todas las cosas que quiero hacer y todos los sueños que quiero cumplir y de repente he sentido la imperiosa necesidad de levantarme a escribir a toda velocidad. No tengo ni la más mínima idea de lo que estoy poniendo. Ni me releo. Muy propio de mí. Sólo fluyo. Es como si me resbalara por las teclas…
Ya sabéis que ya no estoy cabeza abajo.
Los besos que os mando tienen la misma fuerza que cuando los mandaba boca abajo.
Si me queréis, sonreíd. Estoy contenta.