"A veces hay que irse para poder volver". Eso he leído hoy por ahí.
Con esa frase os dejo.
Pronto volveré para contar más cosas.
Sólo quiero añadir que...¡Miguel ha empezado hoy su trabajo!
miércoles, 29 de enero de 2014
miércoles, 22 de enero de 2014
Estoy to lejos
Aprendí el significado literal de
la palabra “antípodas” un poco antes de venirme a ellas (bien, ahora vosotrxs
sois quienes estáis en las antípodas para mí), pero el significado real de la
palabra estoy asimilándolo ahora. Esa es la verdad.
Entiendo perfectamente que estoy
en el punto más lejano y eso conlleva muchas cosas. Pero ninguna me asusta. Ahora
sí empiezo a sentirme lejos de España de verdad y no me da miedo. Siento que
así tiene que ser.
Si he tenido este espacio un poco
abandonado no ha sido a propósito. Supongo que ha sido porque el cuerpo así me
lo ha pedido. Los días han empezado a sucederse rápidamente entre un sinfín de
quehaceres (ya trabajo unas 30 horas semanales en el restaurante, hoy he
empezado en una academia como profesora de español y además sigo teniendo a mi
alumno particular), pero sobre todo supongo que el tiempo acaba siendo el
verdadero espacio.
No me duele sentir lejos a mi
gente porque es perfectamente comprensible que cada cual tiene su vida y no
podemos estar todo el día pendientes unas de otras, pero se me hace extraño
sentir el vacío que algunas personas han dejado. Creo que es importante saber
diferenciar un silencio debido a las obligaciones de la cotidianeidad de una
ausencia inexplicable.
En cualquier caso, no querría que
esto pareciera algún tipo de reproche. Que nadie se dé por aludido/a. Sólo estoy
hablando por hablar. Cosas que me salen de los dedos de repente.
La cuestión es que, poco a poco,
vamos teniendo una rutina aquí. Y esto, en contra de todo pronóstico, no me
disgusta. Eso de las rutinas no está hecho para mí. Me agobia, me asfixia, os
prometo que me llega a faltar un poco el aire cuando pienso en una vida
predecible, previsible. Saber lo que me espera cada día me resulta aburrido y
no me gusta aburrirme. Sin embargo, por otro lado no me aburro fácilmente. Siempre
encuentro algo con lo que divertirme o entretenerme. Aquí, como digo, mi rutina
me gusta. Y en gran parte (ala, ya tenía que soltarlo, si no lo hago, reviento)
se debe a Miguel. Supongo que un blog abierto y público no es el sitio idóneo
para hacer confesiones muy íntimas, pero éste no es un secreto. Sigo estando
tan requetebién como os contaba al principio o mejor.
Lo único que me estresa un poco
es pensar en la idea de no tener ningún día libre. En el
restaurante trabajo cinco días a la semana (descanso los martes y los
miércoles) y en la academia en la que he empezado hoy (¡qué divertido!)
trabajaré las tardes de los martes. A mi alumno particular le doy la clase, en
principio, los miércoles. En cualquier caso, eso puede ser lo de menos porque
se puede acoplar en otro lado. Así las cosas, podría tener libre el miércoles, pero me han
dicho en la academia que muy probablemente me necesitarán los miércoles as well...Querían que trabajara también los
jueves, pero a eso ya les dije que no. Imposible. No puedo faltar del
restaurante las tardes de los jueves porque hay bastante trabajo.
Aquí las cenas empiezan a eso de
las 18:30/19:00 y a las 21:00 ya sólo está cenando la gente rezagada. A las
21:30 no queda ni Peter.
Los domingos trabajo todo el día
porque es el día libre de la manager. Entro a las 12 de la mañana, la hora
fuerte de las comidas va de 12 y pico a 1 y pico y a las 2 como tarde ya han
comido, pero estamos abiertxs hasta las 3, más o menos. A esa hora cerramos
durante dos horas y volvemos a abrir a eso de las 5. El jefe, Mark, viene a
ayudarme en las horas fuertes de la comida y la cena y el resto del tiempo
estoy sola con el cocinero, así que atiendo fuera y dentro (mesas y barra).
Poco a poco voy sintiéndome más
segura con el inglés. A mi jefe no le entiendo muy allá, pero con las clientas
y los clientes ya lo llevo estupendamente. Como comprenderéis, son
conversaciones bastante básicas, así que no suelen tener mucho misterio.
Los lunes por la tarde Ludmila,
la manager (una argentina de ascendencia rusa muy simpática con la que es súper
fácil trabajar), también está libre, así que es lo mismo. Estoy sola con el
cocinero desde las 16:30 hasta la hora fuerte, que viene Mark. Cuando la cosa
se relaja, se marcha de nuevo y cierro yo sola con el cocinero. El resto de
días trabajo con Ludmila. Básicamente, ella se encarga de la barra y yo de las
mesas, aunque ya os digo que es súper fácil trabajar con ella y nos organizamos
bien. Si puede ayudarme, lo hace. Lo mismo por mi parte. La verdad es que el
trabajo puede ser todo lo tedioso que es un trabajo en hostelería, pero dentro
de eso, he tenido suerte. No me puedo quejar.
En la academia tengo, por el momento,
dos grupos: begginers (están empezando
con el español ahora -tanto es así que la de hoy has sido la primera clase de
su vida-) e improvers (se supone que
ya saben algo, pero no es exactamente así…la verdad es que yo pensaba que iban
a saber más…)
A pesar de que quizá esperaba más
colaboración por parte del segundo grupo, el primero ha empezado mucho más
animado. Yo creo que se debe a que no sabían nada y no podían tener vergüenza de
hacer el ridículo, por así decir. Como la gente del segundo grupo se suponía
que ya tiene un nivel, quizá por eso han estado más tímidxs al principio. En cualquier
caso, al final he conseguido que se animaran también. Los países de procedencia
de mis alumnas y alumnos son, básicamente, Nueva Zelanda, Inglaterra y Estados
Unidos, pero tengo un alumno chino, una india y una alemana.
¡Tengo ganas de seguir!
Decía antes, y parece que me he
quedado a medias, que las rutinas no están hechas para mí. A eso tenemos que
añadirle el tedio que puede suponer pensar que un trabajo como el del
restaurante (cómodo porque mi compañera y mis compañeros son amables, pero
aburrido porque no me motiva ni me enriquece como persona) no tiene una fecha
próxima de caducidad…Quiero decir…He trabajo mucho y en muchas cosas (he
promocionado kiwis, perfumes u ofertas de Orange, he hecho inventarios, también
he trabajado en naves industriales moviendo palés y colocando libros, de
camarera, cuidando niñas y niños en una piscina de bolas, en el control de una
bolera, haciendo encuestas…), pero estos trabajos siempre han sido puntuales
(vacaciones, Navidad) o cosas de fin de semana. Es la primera vez, y aquí quiero
llegar, que trabajo de continuo y sin una fecha próxima de finalización.
Supongo que la excitación de
estar haciéndolo en otro país, la cantidad de gente diferente que conozco,
estar con Miguel y, sobre todo, estar haciéndolo con un objetivo claro (AHORRAR
PARA VOLAAAAAR) hacen que no se me haga demasiado cuesta arriba. Todos los días
me pasa lo mismo: me da mucha pereza irme, pero cuando llego allí me alieno y
tiro palante! Esa debe ser la
alienación de la que hablaba Marx. Me convierto en dos piernas y dos brazos que
mueven platos y bandejas…JA! Hablo de sentir mi cuerpo como algo “ajeno” a
mí misma, algo que parece que yo no controlo. Vaya, que la sociedad capitalista
me distorsiona, o algo así debe ser… Y no soy marxista, ¿eh? No se me vaya a
confundir, no jodas. Bakunin me libre.
El caso es que me pongo y sirvo
tapas que da gusto.
No, ahora ya en serio, que me
estoy yendo por los cerros de Úbeda (¿de dónde vendrá esa expresión?). Donde
quiero llegar es a que siento que el trabajo me aliena un poco, pero es todo lo
cómodo que podía ser dadas las circunstancias (es el trabajo que es -no es el
trabajo de mis sueños, obvio- y mi nivel de inglés es el que es -no podía
aspirar a dirigir la nación ni aunque hubiera tenido deseos de liderazgo-) y me
va a servir para ahorrar y así poder continuar esta aventura.
Al fin y al cabo, estando tan
lejos de toda mi gente y teniendo a medio plazo el objetivo de seguir
moviéndome, no me agobia tanto la sensación de sentirme atada. En España me
daba claustrofobia vital pensar en encadenarme a algo que me impidiera moverme
libremente (y más por la mierda que habría podido cobrar en cualquier cosa),
pero aquí no lo siento como una atadura sino como el comienzo de un puente. Mira
tú qué metáfora me acabo de marcar sin quererlo…
Hay algo que quiero comentar
desde hace tiempo. He de empezar con una declaración contundente: soy lerda. Mucho.
Dicho esto, puedo continuar. Cuando empecé a fraguar la idea de emigrar
buscando un lugar en el que aprender inglés, descarté rápidamente la
posibilidad de irme al Reino Unido porque quería evitar, ante todo y sobre
todo, encontrarme con hispanoparlantes. Claro, inocente de mí, pensaba en gente
de la madre patria, gente española. Nunca se me pasó por la cabeza cuando la
idea de Nueva Zelanda tomó forma que aquí podría haber muchxs hispanoparlantes.
Españolas y españoles, como bien imaginaréis, apenas hay. Me he cruzado con dos
desde que llegué: uno por cada mes. Pero…¡esto está lleno de gente de Latinoamérica!
“¡Muy bien, Míriam!”, pensaréis. No era tan difícil de imaginar…Pero a mí no se
me ocurrió, no. El caso es que me da exactamente igual. Si bien decía hace
meses que yo aquí no quería hablar en español, ahora agradezco sentirme
respaldada por una gran comunidad con la que puedo entenderme sin problemas
(aunque se dediquen a intentar imitar burdamente mi acento y se empeñen en
utilizar expresiones que creen que son típicas de España cuando yo jamás las he
oído <guiño, guiño> -lo digo
con cariño y diversión-). Y me gusta que no sean de España porque así conozco
gente con la que puedo entenderme, pero que viene de sitios lejanos a la madre
que me parió y que, por tanto, es diferente y puede aportarme más cosas que un
albaceteño o una murciana (con todo el respeto a esta gente, por supuesto).
Supongo que entendéis la cosa que
quiero decir: que ahora me alegro de encontrarme con gente que habla español,
pero que me congratula que no vengan del mismo sitio que yo. México, Argentina,
Colombia y Chile son, básica y fundamentalmente, el lugar de origen de mucha de la gente que es parte de mi rutina. ¡Gente maja! (y qué gracia les
hace lo de “maja”).
Hoy he decidido que a veces me da
una pereza sobrehumana el Skype.
Quizá al principio, aunque yo no lo sabía, me costó más de lo que creía hacerme
a la idea de dónde estoy y de dónde estáis vosotras y vosotros. Igual me aferré
demasiado a España, no me solté rápido. Traté de contar cada paso que daba o
quise sentiros cerca y que me sintierais igual. No lo sé, ¿eh? No estoy muy
segura. Aún tengo que reflexionar mucho sobre este tema y sobre tantos otros…
La distancia me está viniendo muy
bien para ver muchas cosas claras: cosas sobre mi vida personal, cosas sobre
las vidas de muchas personas de mi entorno y también, cómo no, cosas sobre el devenir
de nuestra madre patria. Ay, España…
Como veis, en el fondo vengo a
disculpar la demora. Se ha debido, supongo, a que ahora sí que estoy lejos. Mazo.
Pero tengo Madrid to clavao en mi corazón. Y a vosotrxs, por supuesto.
Ya he dicho más veces que quien
está, está. Y seguirá estando. Eso lo tengo to claro.
Laura, te estoy dedicando este
final. Sé que te va a encantar. Te pongo en negrita las palabras clave.
sábado, 4 de enero de 2014
Escribo desde la soledad de mi hogar
Estoy sola porque Miguel se ha
ido a la boda de Litos y Becks. Yo no he podido ir porque trabajo los tres días
del fin de semana: viernes, sábado y domingo por la tarde/noche. No podía dejar
de trabajar porque apenas tengo 15 horas a la semana y no me puedo permitir
faltar. Me dijeron que podían darme el día libre, pero acabo de empezar y
quiero que sientan que estoy al 100% y que van a poder contar conmigo siempre
que me necesiten. Habrían podido buscar a alguien que me sustituyera, eso es
seguro, pero me ha parecido más oportuno quedarme.
El caso es que Miguel se ha
marchado esta mañana, sábado, y volverá el lunes con la hermana de Becks, que
tiene que venir a Auckland. Voy a estar sola todo el fin de semana y estoy
segura de que voy a echar de menos a Miguel. Hoy le ha sonado el despertador a
las 7:45, me he despertado un momento, me he dado la vuelta en la cama y cuando
he vuelto a abrir un ojo, ya eran las 11:30 y estaba sola.
Poco a poco, y me gusta esta
sensación, siento que esto va siendo cada vez más un diario más de viajes privado. Sé que
lo lee menos gente y eso me gusta. En realidad, bien podría haber hecho un
diario privado, sin necesidad de utilizar las nuevas tecnologías y los medios
que pone a nuestro alcance el supuesto avance tecnológico. La realidad es que
también tengo un diario de este tipo, pero ese sí, por su idiosincrasia, es
mucho más privado. Mi amiga Carmen me regaló un maravilloso cuaderno hecho por
ella que escucha mis confesiones más íntimas. Aquí me dedico a relatar el día a
día, pero precisamente porque es un diario público, tampoco puedo contarme en
él absolutamente todo. Para eso están las hojas de la maravilla que tejió
Carmen. En él escribo pequeños detalles, cosas puntuales, sentimientos muy
profundos. Aquí os cuento cómo es la cotidianeidad en la otra punta del mundo y
de vez en cuando me pongo un poco más profunda. Cuando escribo desde lo más
hondo de mí es porque me encuentro en un momento de pasión. Cuando luego me
releo, a veces pienso que me paso. Pero bueno, como digo, sé que poco a poco
esto va quedando para mi gente de verdad. Y me pesa menos la sensación de que
quizá soy demasiado expresiva.
Creo que me siento más a gusto en
el tono broma que tienen gran parte de estas líneas. Siguen siendo historias
reales las que narro tipo monologuista.
A veces pienso que es muy extraño
estar tan lejos y me debato entre dos posiciones totalmente antagónicas: por un
lado me gustaría saber más de cada una de las personas que me importan y que
esas personas supieran más de mí de manera individualizada, pero por otro creo
que no puedo intentar discutir con la distancia. Y estando donde estoy,
bastante es que actualice este blog para que podáis saber de mí aunque sea de
manera general. Yo os pido que deis señales de vida cuando queráis, como
queráis y si queréis. Nada ni nadie nos obliga a estar en contacto. No hay
presiones de ningún tipo. Si queréis, aquí estoy. Si no, seguiré aquí. Ni mejor,
ni peor.
He tenido altibajos en el tiempo
que llevo aquí porque ha habido tiempos que he sentido demasiado lejos a gente
importante. Y no me refiero al espacio físico, ya me entendéis. Pero de pronto,
como si fuerais adivinas, habéis sabido manifestaros casi a la vez y con
maravillosas palabras.
No querría jamás que nadie
sintiera la presión de tener que leerme o de sentir que ha de escribirme porque
no es eso lo que yo quiero transmitir.
Si me lees, bien. Si no, insisto,
aquí seguiré. Y algún día podremos compartir estas historias y muchas otras que
se me quedan en el tintero o atrapadas en mis retinas.
Quedó pendiente que os hablara de
nuestra Nochevieja y de un supuesto nuevo trabajo. Pues ahí va:
Cuando terminé de trabajar el día
31, pareció que nos quedábamos sin plan porque mis compañeras, Ludmila (la
argentina) y Sara (la italiana) se iban a un sitio para que el que Miguel y yo
no teníamos ni ropa ni ganas y porque el argentino y el mexicano con los que yo
esperaba encontrarme no daban señales. Así que decidimos irnos directamente al
hostel donde viven y donde había estado yo la otra vez que salí a ver qué nos
encontrábamos. Allí nos recibieron unos chilenos muy simpáticos y nos quedamos
hablando con ellos. Finalmente aparecieron el argentino y el mexicano y mucha
más gente. Nos lo pasamos muy bien y nos reímos un montón. Además, como ya
decía, Miguel pudo tocar la guitarra, así que fue genial.
Por otro lado, os hablaba del
supuesto trabajo. Bien, la cosa no está muy clara, pero parece que puede salir
algo por ahí. Es en una empresa que prepara paellas por encargo. El dueño, un
neozelandés rollizo y simpático, entiende que necesito trabajar más y que como
él no me da un horario estable o fijo, yo tengo que seguir trabajando en el
restaurante español donde estoy ahora (en el que, de igual modo, no me pueden
dar estabilidad y comprenden que busque otras cosas). Quedamos en que podría
trabajar con ellos eventualmente y que no pasaría nada si yo un día no podía
por tener que ir al español, pero hace ya muchos días que no sé nada de él y
empieza a olerme mal. No sé. Ya veremos.
miércoles, 1 de enero de 2014
Armonía
Inauguro el año publicando en mi blog. A priori,
esta entrada podría no parecer propia de un blog de viajes, pero luego veréis
que tiene todo el sentido que publique esto aquí y ahora porque lo que voy a
escribir se debe, entre otras cosas, al lugar en el que me hallo. Somos donde
estamos y eso es indiscutible. El suelo que pisamos, el cielo que vemos y la
gente con la que hablamos nos hacen día a día.
A veces tengo pequeños momentos en los que
la incertidumbre parece ganarme. Pero es momentáneo. La realidad es que soy
feliz. Eso es lo que vengo a contar. Quiero hablar de mí, de cómo me siento. Necesito
escribir. No necesito que me lean, necesito expresarme, necesito sacar palabras de dentro de mí para intentar explicar lo que siento, cómo estoy y qué soy. Necesito abrirme y dejar que salgan mis sentimientos.
Me gusta escribir cuando estoy contenta, cuando me siento a gusto, cuando me
siento más yo.
Soy feliz. Esa es la realidad. Y me gusta
sentir que soy feliz por lo que hago, por mí misma. No delego mi felicidad en
otras personas. Pero es innegable la importancia de Miguel a este respecto. Me siento
muy bien con él. Creo que sabemos hacerlo bien. Creo que estamos haciéndolo muy
bien. Pero yo soy la hacedora de mi felicidad. Me encuentro en armonía con el
mundo porque lo estoy conmigo. Sé lo que quiero, sé cómo debo hacer las cosas y
sé por qué estoy aquí. Ha habido momentos duros y va a seguir habiéndolos. Hay momentos
en los que, medio en broma, medio en serio, llegamos a decir cosas como “en
Madrid estaríamos viviendo en el centro con el dinero que nos gastamos aquí” o “con
esta pasta nos podríamos haber recorrido Latinoamérica”. Hay días en los que da
pereza intentar seguir buscando trabajo, en los que no apetece salir de la
cama, en los que tengo agujetas por
haber trabajado el día anterior cortando pimientos durante cinco horas…pero
todo eso es momentáneo. Todo eso es pasajero. Todo eso es lógico y normal y
sirve para que los momentos de idilio con la vida sean más auténticos y se
disfruten más.
Llego a saborear momentos. Un día sin hacer
nada, en casa, comiendo, durmiendo, cama, Miguel y música puede con todo el mal
del mundo. No hay mal que pueda conmigo, eso lo sé.
Sigo echando de menos a mi madre y a mi
hermana. Y a mis amigas y amigos. Os echo de menos. Pero bueno, eso también es momentáneo
(lo de mi madre menos, las cosas como son). Echo de menos estar perdiéndome
vuestros momentos, echo de menos abrazaros y oleros. Pero sé que seguiréis ahí
el día que vuelva y ahora quiero seguir volando. Sueño despierta con los viajes
que vamos a hacer cuando nos marchemos de aquí. Hablo con argentinos,
colombianos, mexicanos y chilenos que me cuentan maravillas de sus países y
quiero verlas con mis ojos. Y sé que voy a hacerlo.
Ayer me hice un amigo indio divertidísimo
con el que, por primera vez en mi vida, mantuve una conversación fluida durante
largo rato. Sí, sí. Una conversación en inglés. Vale, era Nochevieja y yo
estaba borracha. Eso ayudó. Pero hablé en inglés largo y tendido. Y me hice
entender y a él le entendí perfectamente. Y volví a soñar despierta con India. Latinoamérica
e India. Asia. El mundo. Qué grande y qué pequeño es a la vez…
Está siendo genial y muy enriquecedor conocer
gente tan variopinta, de sitios tan alejados, que al final, cómo no, es gente. Somos
gente. Y siempre hay formas para comunicarse, siempre se aprende y siempre se
quiere seguir aprendiendo. Las miradas, los gestos y las palabras son
diferentes y eso es auténtico. Me encanta. Disfruto conociendo a gente de todas
partes y sólo quiero que hablen para escuchar lo que tengan que decir.
Ya sabéis que mis escritos nunca llevan un
orden, no siguen un guión predeterminado. He empezado diciendo que esta entrada
no iba a parecer propia de un blog de viajes, pero ahora me doy cuenta de que
sí. Me gusta más hablar de sentimientos, de sentires, de pensares, que contar
historias cronológicamente. Por eso voy a dejar para otro rato la crónica de
los últimos días (un posible nuevo trabajo y una fiesta de Nochevieja son,
quizá, los acontecimientos más reseñables) y voy a dejar que mis dedos sigan
volando por el teclado de la misma manera que yo vuelo por el mundo desde
Auckland.
Me gusta mucho que Miguel toque la
guitarra. Disfruto escuchándole. Me encanta, de hecho. Creo que es uno de los
pequeños placeres de la vida. Y pude hacerlo anoche, en la fiesta de la que
hablaré en la próxima entrada. Ahora os escribo con música suya de fondo. Está grabada,
no huele a madera de guitarra porque todavía no tiene una, pero sirve para
transportarme.
Podría parecer una novia empalagosa que
aplaude emocionada cuando toca su churri (ya sabéis, la típica que llegaría a
decir que su novio lo hace bien aunque no sea verdad), pero no es eso para
nada. En absoluto. Es un amor real y muy racional. Y es que toca bien la
guitarra, joder. Sé que esto os importa mucho. Quiero que sepáis que soy muy
feliz a su lado e intuyo que él también lo es conmigo. Pero yo no me conformo
con eso. Para mí seguir haciéndole feliz, cada vez más, es un aliciente, no una
meta sino un camino.
Creo que la vida no se construye de grandes
momentos sino de pequeños instantes que van haciendo la cotidianeidad. Es muy
posible que los grandes momentos, esos soplos que te dejan sin respiración,
sean fundamentales para cimentar una vida memorable, pero no podemos vivir
esperando esos momentos todo el tiempo porque entonces nos frustraríamos. Lo más
maravilloso que puede pasarle a un ser humano es que los pequeños momentos del
día a día sean apacibles, agradables, divertidos a veces, calmados, serenos y
tranquilos. Y así, poco a poco, ir montando una vida como un puzzle en el que
todas las piezas acaban encajando. Armonía. Paz.
Hay que buscar la paz y la armonía. En eso
consiste la vida. Y eso intento. Parece que no ando lejos.
Estoy segura de que 2014 será tan
maravilloso como queramos que sea.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Pequeños (y espero que divertidos) detalles
Ayer me poseí buscando trabajo.
Es probable que escribiera a todas las empresas afincadas en Auckland y
alrededores y es probable que, incluso, inventara alguna para poder mandarle mi
currículum (nunca sé si poner la tilde a esta palabra porque es una palabra en
latín y, en ese caso, no debería llevarla; pero como es una palabra esdrújula…Así empiezo el día, con las pilas
cargadas).
Como decía, me poseí. Y las
posesiones siempre tienen consecuencias. Si no, preguntadle a la niña del
exorcista…En mi caso, el problema derivado de la posesión ha sido una mega
contractura que me afecta al cuello entero. Estoy jodida. Me tiré más de dos
horas sentada en el sillón con el ordenador en las piernas (estupenda postura,
soy muy lista) mandando mi currículum como si estuviera poseída por el espíritu
del trabajo. Unas personas se poseen por el espíritu de la Navidad y
otras…otras hacemos lo que podemos.
El caso es que he sembrado tanto
que espero recoger un campo enorme. Llegará el lunes, habré recibido tres
emails y dos de ellos serán trabajos-basura, estafas o spam y me deprimiré. Pero ahora mismo estoy súper orgullosa de mí
aunque me duela el cuello como si me hubiera tirado toda la noche haciendo el
pino-puente (anda, mira, será cosa de las posesiones).
Mi especial interés, como ya
sabéis, es encontrar un trabajo como profesora de español. Escribí a varias
academias y a un colegio que busca una profesora de español, pero desde varios
sitios me llegaron correos automáticos diciendo que están cerrados hasta no sé
cuándo (suelen ser fechas a mediados de enero). Hace unos días, le dije a
Miguel que qué en serio se tomaba esta gente la Navidad (todo el mundo unas
pedazo vacaciones…) y luego me di cuenta, claro, de que además de Navidad,
también es verano (¡un aplauso para mí!). De ahí las megavacaciones. Esta gente
también tiene derecho a irse a la playa, digo yo. Ya si luego deciden no salir
de sus coches…eso es cosa suya. Yo no soy quién para juzgar a nadie.
La última entrada fue un poco a
lo loco. Sentía que tenía muchas cosas que contar y la redacté tipo
telegrama-crónica. A veces me agobia un poco tener que contar muchas cosas
porque, pretendiendo contarlas todas y no queriendo extenderme demasiado,
parece que simplemente las enumero. Por eso he decidido volver a escribir hoy.
Para poder escribir tranquilamente sobre tonterías y contar anécdotas estúpidas
y detalles insignificantes. Vamos, lo que a mí me gusta, ya sabéis.
No sé qué os apetece leer, pero
aquí va una retahíla de pormenores, pequeños datos y pinceladas de cómo es
nuestra vida en New Zealand.
Me siguen sorprendiendo algunas
cosas que son diferentes a España y que quizá a otra persona le pasarían
desapercibidas o no le resultarían demasiado importantes: por ejemplo, aquí el
cambio se redondea en todas partes. Si tienes que pagar 15.72 (recordad que
ponen puntos, no comas), te cobrarán 15.70. Pero si, por el contrario, la
cuenta son 15.78, pagarás 15.80. Práctico, ¿no?
Otra curiosidad es que aquí,
cuando terminan las películas en la televisión, ponen todos los créditos. He
dicho TODOS los créditos. No sé si alguna vez habéis visto todos los créditos
de una película…Sí, duran mucho. Mucho. Pues eso.
Parece que esta gente tiene una
pequeña obsesión con las “razas” (¿qué es eso? Mí no saber…La agrupación en
razas humanas no está exenta de polémicas que cuestionan su uso; incluso lxs
antropólogxs especialistas no se han puesto de acuerdo sobre la existencia
misma de las razas humanas, pues muchxs sostienen que la especie humana no
tiene razas). Pero sí, sí. Aquí hablan de razas. No se me ha ido la olla. Por
ejemplo, cuando nos hicimos socixs de la biblioteca, entre los datos que teníamos
que rellenar, uno era “race” (or
something like that). Daba opciones como “maorí”, “asiático de no sé dónde”,
“asiático de no sé qué otra parte”…
Una curiosidad bien relacionada
con estos desplegables para rellenar cosas absurdas es la que le sucedió a
Miguel hace unos días aplicando para un trabajo online (¡MIERDA! Ya digo “aplicar”
traduciendo literalmente el “apply for a job”; la de veces que me he metido con
la gente que lo hace…pero bueno, yo lo hago siendo consciente de que lo hago;
puedo evitarlo si lo deseo). Como digo, estaba Miguel aplicando para un trabajo y en el desplegable de país de
procedencia salía España, pero también salían el País Vasco y Cataluña. Eso justifica
lo que nos pasó el segundo día aquí, cosa que entonces no supimos entender o a
la que no supimos darle la importancia que tenía. Pidiéndole un adaptador para
los enchufes al recepcionista del primer hostel, nos preguntó que de dónde éramos, que si éramos de
Cataluña. No sé muy bien cómo salió la cosa, pero vino a decirnos que lo
preguntaba por los enchufes. No le entendíamos muy bien porque lo que decía era
raro, claro, pero nos estaba diciendo que en Cataluña usan enchufes diferentes
(lo medio afirmaba, medio preguntaba). Llegamos a creer que nos estaba
vacilando. La cuestión es que ahora, después de haber visto lo que os cuento,
entendemos que debe ser que aquí hay gente que no sabe si Cataluña y el País
Vasco son países independientes y creen que son tan diferentes que hasta usan
enchufes diferentes. Mira tú.
Bueno, no querríamos preocupar a
nadie, pero la idea de que estamos de Erasmus (es cosa de Miguel, no termina de entender que no tenemos
ninguna beca -bien, ya, ya sé que ahora tampoco la tendríamos aunque
estuviéramos de Erasmus de verdad-) empieza a írsenos de las manos. ¿Por qué?
Porque creo que hemos bebido prácticamente todos los días desde que llegamos. Siempre
digo que voy a subir fotos y luego nunca lo hago porque me da pereza, pero la
colección de botellas de vino que adorna nuestra casa bien merecería una buena
foto. Miguel se ha vuelto artista (a ver, no, ya sé que siempre lo ha sido,
pero ahora le ha dado por el arte moderno) y está haciendo una escultura con
rollos de papel higiénico acabados junto a las botellas de vino vacías. Quiere
convencerme de que es hermoso ver cómo la luz que entra por la ventana
atraviesa los vidrios de las botellas, pero por otro lado sabe perfectamente
que es postureo. Sólo busca la aprobación de nuestro futuro grupo de amigas y
amigos cuando, al entrar en casa, puedan apreciar lo bien que se nos da
levantar el codo. Y sí, he dicho “futuro grupo”. Por más que Miguel se empeñe…no,
no tenemos amigxs. Yo ya tengo amiguitas y amiguitos del trabajo, pero él no.
Miguel, no tienes amigxs. Asúmelo. Sigues teniendo amigas y amigos en Madrid,
pero aquí no. Skip no es un amigo.
Y hablando de amistad, os diré
que al final tengo que trabajar en Nochevieja, pero luego podremos celebrar la
entrada en el nuevo año con esas amiguitas y amiguitos a lxs que aludo. Le he
dicho a Miguel que se venga a cenar conmigo al trabajo porque no quiero que se
quede solo (a mí la Nochebuena me toca un pie, paso del Señor; pero la
Nochevieja me hace gracia porque se cambia de año y a mí eso de las fechas me
presta, como dirían en Asturias). Ya veremos cómo nos lo montamos.
Bueno, he de decir que Miguel, a
pesar de no tener amigxs, ya domina el inglés. El otro día, por ejemplo, cuando
vinieron a traernos el router, demostró su dominio de la lengua de Shakespeare.
Llamaron a la puerta y como no esperábamos a nadie, nos extrañó. El caso es que
Miguel dijo algo entre “Who are you?”
(¿Quién eres?) y “How are you?” (¿Cómo estás?). Yo soy de la teoría de que dijo “How are you?” queriendo decir “Who are you?”. Los nervios, el momentazo
de que llamaban a la puerta…pero eso es lo de menos. Lo surrealista es que el
tipo del router, entendiendo “How are
you?”, vio muy normal que le preguntaran “¿cómo estás?” con la puerta cerrada y, ni corto ni perezoso,
contestó “Fine, thank you, and you?”
(Bien, gracias, ¿y tú?). Ridículo. No
sé si os lo imagináis, pero yo estuve meándome diez minutos.
Esta anécdota me sirve para ir
terminando esta entrada con un enorme GRACIAS dedicado a Miguel y a su amigo
Pablo por su infinita paciencia. Después de la odisea que ha sido conseguir que
nos trajeran el router (casi una semana escribiéndonos con el tío de la
empresa, un pequeño inútil sobre el que no querría hablar), cuando al fin
llegó, resulta que no funcionaba. Pues bien, mientras yo me iba de parranda con
mis amiguitas y amiguitos (véase la entrada anterior -¿o es la anterior a la
anterior?-), Miguel dedicó nosécuántashoras
a solucionar el problema, ayudado vía WhatsApp
por su amigo Pablo. Inestimable ayuda y gran paciencia la de ambos. No sabría
explicaros cuál era, finalmente, el problema. Pero creo que os importa una
mierda y yo no tengo ni idea. Como mi ayuda no habría servido de nada, pensé
que era mejor emborracharme.
A ver, no. No. Que no sé qué vais
a pensar…Yo me fui a la fiesta de mi trabajo y a eso de las 12 y pico volví a
casa porque no tenía batería en el móvil y quería preguntarte a Miguel si le
apetecía venirse un poco, me lo encontré con ese percal, me dijo que tenía que
terminarlo, quedé en llamarle en media hora desde el móvil de una compañera
para ver si se apuntaba después, cuando le llamé me dijo que seguía liado y que
no me preocupara y yo no me preocupé. Fin. No soy una mala novia, ni una mala
persona. Sólo soy una inútil tecnológicamente hablando.
Creo que he sabido justificarme
bien.
Ahora voy a ver si empiezo el día
dándome una ducha con agua bien caliente que me alivie un poco este tormento
que tengo por cuello. Sé que el tiempo que he dedicado a esta entrada no ha
sido lo mejor para mi nuevo cuello modelo collarín, pero tenía que escribiros…
(Este último párrafo es un
añadido posterior: sólo quiero que sepáis que Blogspot me la ha jugado (no entraré en detalles) y he tenido que
volver a copiar, letra por letra, casi toda la entrada. Creo que me voy directa
a urgencias a que me corten el cuello).
Besos (boca abajo, como siempre, pero con mucho dolor de cuello).
viernes, 27 de diciembre de 2013
Un montón de cosas
Sé que me echabais de menos, no
digáis que no. Pero ya estoy aquí de nuevo con un montón de cosas que contar. De
hecho, voy a intentar organizarme mentalmente para que esto tenga un poco de
sentido…
Los últimos días no hemos estado
en casa. Por eso no he escrito nada. “¿Y por qué no habéis estado en casa?” os
preguntaréis. Habrá quien piense incluso algo así como “uy, qué gente más
fresca”. Pero es que es Navidad, claro. Y estábamos celebrándolo. No. Ya en serio.
Hemos estado con Litos y Becks (unxs maravillosxs amigxs de Miguel) en casa de
Becks. Como esto lo lee gente muy diferente, tengo que explicarme bien para que
todo el mundo pueda seguirme. Perdonadme quienes ya sabéis lo que voy a contar
ahora. Litos es un amigo de Miguel de Villa que toca en su grupo. Hace unos
años estuvo un tiempo viviendo en Londres y allí conoció a Becks, la que hoy es
su mujer. Ella es neozelandesa y aunque viven en España, han venido a pasar las
navidades con la familia de Becks y a celebrar aquí su boda. Supongo que la
mayoría recordaréis la boda a la que fui en agosto en Toledo, ¿no? Pues era la
boda de Litos y Becks.
Como digo, hemos pasado con ellxs
los últimos días. El plan era irnos a pasar la Nochebuena a casa de la familia
de Becks (viven en Raglan, una ciudad a unas dos horas y pico de Auckland),
pero el día 24 nos encontramos con que no había billetes para llegar allí…así
que por un momento pareció que nos quedábamos sin verlxs, pero aquí empieza el
cúmulo de cosas maravillosas que han hecho por nosotrxs: ¡¡vinieron a buscarnos
a Auckland!! Esta entrada va a ser en gran parte, como ahora comprenderéis, una
oda a Litos, Becks y la familia de Becks. No podéis llegar a imaginaros lo bien
que nos han tratado…Amazing!
La noche del 24 cenamos en casa
de Becks con ella, Litos, la hermana de Becks (¡genial!) y sus padres (una cosa
es ser hospitalarixs y otra cosa ya es lo de esta gente). Al parecer, aquí la
Nochebuena no es demasiado importante. No se celebra mucho. El día importante
es el 25, la comida de Navidad. Ese día vinieron a comer más amigxs y familia:
el hermano de Becks con su mujer, su hija y su hijo; sus abuelos paternos; un
matrimonio amigo de la familia…en definitiva, ¡un montón de gente!
El sitio donde viven es una
pasada. Tienen una casa genial que construyó el padre de Becks a unos 2 km
de Raglan en un entorno alucinante: verde, verde y más verde. ¡Muy bonito! El día 26 fuimos a una cascada que hay cerca que es increíble. Sí, sí. Sé que queréis fotos...¡Pronto, pronto!
Hemos comido y bebido un montón,
nos han tratado increíblemente bien, han sido súper simpáticxs y cariñosxs, han
hecho lo imposible y nos han tratado como si nos conocieran de toda la vida a
pesar de la traba del idioma. Miguel ha vuelto muy motivado, yo menos. Me explico:
me ha frustrado un poquito no entenderlxs…Se me ha hecho muy complicado. Si me
hablaban a mí, despacio y sobre cosas simples, sí. Pero cuando hablaban entre
ellxs…¡puff! Igual por el contexto o por palabras sueltas…era capaz de
enterarme de qué hablaban. Pero no mucho más. Creo que esto va a ser más
complicado de lo que pudiera parecer.
El día 26 de diciembre aquí
también es fiesta nacional. Lo llaman Boxing
day y todo está cerrado igual que el día 25. Nos fuimos a un festival de
reggae al que también nos han invitado (como a todo, somos unxs tristes muertxs
de hambre y ellxs una gente generosa). Los conciertos eran en un sitio llamando
Waihi Beach en la costa este (Raglan está en la cosa oeste), también como a
unas dos horas de Auckland, pero a la misma distancia de Raglan (vaya, que
hemos hecho un triángulo en viajes: Auckland-Raglan-Waihi Beach-Auckland). Nos lo
pasamos muy bien y después dormimos en un bungaló que alquilaron cerca del
festival. Esta mañana cuando nos hemos levantado, hemos vuelto a Auckland,
donde me encuentro ahora escribiendo estas líneas.
Creo que es importante hablar
sobre la revelación que tuve ayer por la noche cuando volvimos de los
conciertos. Becks y su hermana charlaban animadamente en el jardincito, supongo
que muy contentas de estar juntas y dejando claro que tienen una muy buena
relación, cuando yo me di cuenta de algo importante. Lo vi más claro que nunca.
Lo vi clarísimo: no podría vivir lejos de mi hermana demasiado tiempo. No podría
vivir lejos de mi hermana sabiendo que no es algo temporal. Antes de ayer pude
hablar con ella un buen rato por el Line
y me dio una sensación rara en el estómago al pensar que me hacía un resumen de
su vida. Nos escribimos mucho, nos mantenemos al día, pero oír su voz me
emocionó, me quedé un poco helada y no sabía bien por qué. Repito: anoche me di
cuenta. No podría vivir lejos de mi hermana. No por mucho tiempo. No soportaría
no estar ahí cuando le pasen cosas importantes de las que hablar. O tonterías. Cuando
tenga que salir. O entrar. O llorar. O reír. O…o…o…nonono. No puedo estar lejos
de ti, Silvia. No quiero saber de ti desde la distancia. Quiero estar en tu
vida, vivirla contigo, ser parte activa de ella.
Pero bueno, sigo con lo que os
contaba: ellxs han venido a Auckland a recoger a una amiga que aterriza aquí y
que viene para la boda, así que hoy dormirán en casa y mañana se van muy
temprano a buscarla al aeropuerto.
Como he empezado por lo más
actual, por lo último que ha sucedido, ahora he de ir retrocediendo en el
tiempo. Si mal no recuerdo, me quedé en que tenía que hacer otra prueba más en
el restaurante, ¿no? Pues bien, la cosa es la siguiente: cuentan conmigo, pero
para el poco trabajo que hay. Eso quiere decir que no trabajaré demasiado. Esta
semana, sin ir más lejos, se suponía que tenía que trabajar viernes (hoy),
sábado y domingo, pero me han mandado un sms esta mañana para decirme que al
final no hacía falta que fuera hoy. Por un lado me ha fastidiado, porque
necesito el dinero; pero por otro, como venía cansada del viaje y están aquí Litos,
Becks y su hermana, si no trabajo, puedo pasar la tarde con ellxs. Ahora
están en el acuario y Miguel y yo nos hemos quedado aquí comiendo y
descansando, pero volverán en un rato y me apetece estar con ellxs porque
mañana se van temprano y ya no lxs veré hasta el día 4, que celebran la "boda".
Como contaba, fui el domingo a la
prueba y Mark, el jefe, me dijo que volviera el lunes para la hora de las
comidas. Trabajé de 12 a 2 y Ludmila, la manager (aquí llaman “manager” a todo;
en España diría la encargada) me dijo que esa tarde-noche hacían una staff-party por Navidad. Me dijo que me
pasara un rato y, sinceramente, cuando llegó la hora de ir para allá, como
estaba cansada, me daba un poco de pereza. Pero aún así hice el esfuerzo por
ver a mis compañeras y compañeros y porque había quedado con una de mis
compañeras, que es italiana (ya os he hablado de ella, se llama Sara). No sé si
he explicado ya dónde está el restaurante. Es una cosa curiosa. Eran unos antiguos
establos y ahora todos los restaurantes ocupan las paredes que cerrarían el
antiguo establo y el centro está lleno de mesas compartidas. Eso quiere decir
que la gente pide donde quiere (en cualquier restaurante) y se sienta donde más
le apetece. En la fiesta no sólo estaba la gente de mi restaurante, sino que había
gente de todos los locales, así que éramos un montón.
Bueno, pues ahora llega la parte
predecible…A pesar de que estaba cansada y aunque tenía el cuerpo hecho polvo,
se me hizo un poco tarde…Puedo decir que estoy oficialmente dentro. Jaja... Cuando
llegó el momento de marcharse de los establos, a eso de las 12, ya se había
hecho un grupo bastante animado de gente que quería continuar. Hay que decir
que la mayoría eran latinxs, pero la presencia de la italiana (que se marchó
pronto) y de dos brasileños muy simpáticos nos obligaba a hablar en inglés. Fuimos
a un bar en el que no estuvimos demasiado rato y luego Isaac, un mexicano bien
majo, nos propuso ir al backpackers
(literalmente, “mochileros”, es un hostel barato) donde trabaja de
recepcionista. Allí estuve hablando con unas y con otros y poco a poco la gente
se fue yendo. Al final quedábamos Isaac, otro chico mexicano, un chileno, un
argentino y yo. Y con ellos que se me hizo de día allí. La verdad es que me lo
pasé muy bien, fueron resimpáticos y hablamos de un montón de cosas. Como todos
están aquí sin familias, celebraban allí la Nochebuena en amor y compañía y me
invitaron a que fuera con Miguel, pero como nos íbamos con Litos y Becks...Cuando
al día siguiente creímos que no íbamos a conseguir llegar a casa de Becks, le
dije a Miguel que podíamos irnos allí. En Nochevieja también se reunirán. Al
parecer, la idea es que cada cual lleva comida de su lugar de origen y se echan
unas risas y unas cervecitas. Así que lo mismo empezamos el año allí. Si no, mi
compañera italiana, que vive con su novio (también italiano) y con dos
japonesas, me ha dicho que podemos apuntarnos con ellxs, así que ya os contaré.
De momento, sólo quiero recordaros que empezaremos 2014 antes que nadie en el
mundo.
No hay novedades sobre trabajos,
pero sí puedo decir y digo que hemos contratado nuestro móvil con la jodida
peor compañía de New Zealand. ¿Por qué? Porque hemos estado sin cobertura los
tres días que hemos estado fuera de Auckland. Esperemos que no nos hayan
llamado porque tampoco recibimos sms de llamadas perdidas, así que si alguien
nos ha llamado, no sólo no hemos recibido la llamada sino que tampoco podríamos
devolverla…Sin comentarios. Supongo que los días 25 y 26 no nos habrá llamado
nadie (fiestas nacionales), pero hoy 27 hemos conseguido tener cobertura a las
12 y pico de la mañana, así que…
A decir verdad, tengo la
impresión de que me dejo un montón de cosas por contar, pero supongo que serán
detalles pequeños, cositas sin demasiada importancia, esas cosas que tanto me
gusta compartir. Yo qué sé…por ejemplo…que Miguel vive obsesionado con abrir el
buzón (¡ABUELA, HOY HE RECIBIDO TU CARTA!) o que le encanta ver Maori
Television, un canal que no es especialmente interesante según mi punto de
vista.
Ya me conocéis, podría tirarme un
buen rato compartiendo chorradas, pero creo que es mejor que vaya a despertar a
Miguel para hacer la compra, eso que tanto nos gusta.
Espero que estéis pasando unos
días maravillosos, pero no menos que el resto del año. Comed, bebed, reíd,
disfrutad y brindad a nuestra salud. Nosotrxs lo haremos a la vuestra.
Muchos besos
domingo, 22 de diciembre de 2013
Un poco de todo
Nuestra vida neozelandesa va
tomando forma. Seguimos sin trabajo, pero ya estamos en ello a tope. Ayer por
la tarde dejamos nuestro currículum en unos cuantos hoteles. Tuvimos que
rellenar formularios eternos y prácticamente iguales en todos ellos para poder
dejar el CV. Pero lo conseguimos. Algunos de los hoteles de mayor postín, como
diría mi abuela, ya tienen nuestro currículum.
Mañana domingo tengo que ir de
nuevo al restaurante español. Me ha dicho Mark, el jefe, que es para otra
prueba y que, dependiendo de ella, me dirá cuántas horas voy a trabajar. Pero
me ha dicho que serán unas 20 horas semanales y que me va a pagar $13 la hora.
No sé si piensa hacerme contrato. Si va a hacérmelo, no puede pagarme 13
dólares porque aquí el mínimo son 13,75. A esos 13,75 le quitan los GST, las
tasas, que creo que andan por el 15%.
En cualquier caso, como comprenderéis,
no me vale con un trabajo de 20 horas semanales. Se supone que eso sería al
principio, pero entiendo que igual luego son más horas. De todos modos, yo casi
prefiero tener dos trabajos diferentes para que no se me haga tan pesado, así
que estoy buscando otra cosa mientras…
El lunes empiezo las clases de
español con mi primer alumno y después de la decepción de la academia, he
decidido que he de seguir buscando otras academias. Quiero trabajar de
profesora de español y voy a hacer todo lo que pueda para ello.
Miguel fue antes de ayer a hacer
una prueba en un restaurante como dishwasher
(fregando platos, vaya) y fue horrible. El sitio era asqueroso, el ambiente
bastante desagradable y el trabajo, durísimo. Vino hecho polvo (física y
psicológicamente) y yo puedo afirmar y afirmo que tengo un churri que es un
valiente. Aguantó el tipo hasta el final y llegó a casa reventado, pero seguro
de que puede hacer lo que se proponga. Ahora bien, no hemos venido aquí a
sufrir. Está claro que a veces hay que pasarlo mal, que la vida es así. Pero no
más de lo necesario, ¿no? Así que al día siguiente se plantó allí y le dijo al
tipo que no le interesaba el trabajo porque es demasiado duro. Le pidió que le
pagara por las siete horas (horazas, diría yo) que había trabajado el día
anterior, pero el tío le dijo que el día de prueba no se paga a no ser que te
quedes. A mí me parece un morro increíble, pero al parecer aquí las cosas
funcionan así. El encargado le dijo que como era una prueba, él podía haberse
ido cuando hubiera querido. Pero cuando Miguel le dijo que había trabajado
siete horas muy duras, el tío le propuso que vuelva el lunes a ver si consigue
que le paguen algo. El encargado no es, según él mismo le explicó, quien puede
tomar esa decisión. Pero se mostró amable y le dijo que iba a intentar hacer lo
que pudiera, así que el lunes volverá a ver si le pagan algo por la paliza que
se metió.
Cuando le vi aparecer por la
puerta, con una cara que no sabría bien cómo describir (mezcla de pena,
tristeza, hastío y frustración) y oliendo a pescado que no os imagináis, se me
cayó el alma a los pies. Insisto: no hemos venido aquí a esto.
Cuando Miguel fue a hablar con el
encargado para decirle que no seguía, habló con un chileno que el día anterior
no había estado. Éste le dijo que se marchara de allí cuanto antes, que no se
quedara con ese trabajo, que era horrible y que le iban a explotar. Le dijo que
aquí hay trabajo de sobra y que ese era el peor que podía coger. Estas palabras
ayudaron a Miguel, pues todavía se sentía un poco inseguro con respecto a su
decisión. No sabía si hacía bien dejando pasar ese trabajo a pesar de que en el
fondo sentía que no podría aguantarlo mucho tiempo. Yo al principio era de la
idea de aguantar el tipo como podamos donde podamos, pero ahora tengo claro que
no es eso lo que hemos venido a hacer. No tenemos ninguna necesidad de sufrir
más de lo justo y necesario para crecer como personas y para hacer de esta
aventura una oportunidad de aprender. No vamos a fregar la mierda de nadie
mientras nos gritan o nos tratan mal. No.
Ahora más que nunca siento que es
fundamental que estamos lxs dos juntxs. Creo que es importante que Miguel
sienta mi apoyo y yo me siento muy reconfortada sintiendo el suyo. Estamos
juntxs en esto y siempre vamos a salir airosxs. Unas palabras amigas, un abrazo
y una sonrisa ayudan cuando hay pequeños momentos de bajón. Pero la verdad es
que la mayor parte del tiempo estamos felices. Nos reímos un montón y tenemos
muchas ganas, fuerza, energía e ilusión.
El otro día os contaba que al día
siguiente tenía dos citas en dos agencias diferentes para trabajar de au-pair. Pues bien, esas entrevistas ya
se han dado. En ambas me han dicho, básicamente, que hasta que no pase la
navidad…la cosa está complicada. Se van de vacaciones y en la oficina no queda ni Pirri. Pero la de
la primera agencia me dio más esperanzas que la de la segunda. Esta última me
dijo que las condiciones de mi visado (no puedo trabajar más de seis meses en
el año y no más de tres meses para el mismo empleador) no son las más idóneas
para trabajar de au-pair, puesto que
la gente quiere una continuidad mayor.
La de la primera agencia sí que
me dijo que igual podrían encontrarme algo, así que quedo un poco a la espera
sabiendo que puede alargarse.
Ambas fueron muy amables y con
las dos hablé de otras cosas cuando terminamos la entrevista. A las dos les
dije que mi inglés es bastante malo y que eso me hace sentirme un poco insegura
y tanto una como la otra me dijeron que no, que me defendía bien. La de la
primera agencia, que fue con la que más hablé, me animó un montón.
Le comentaba ayer por la tarde a
Miguel que creo que ya he superado la barrera de la colisión mental y que si
ahora no puedo hablar, ya no es por miedo sino porque de verdad no me da para
más. Pero ya no me da vergüenza intentar hacerme entender. A veces sigo
quedándome bastante bloqueada, pero siento que he avanzado bastante en ese
sentido. Supongo que es cuestión de supervivencia. Son tantas las ocasiones en
las que he necesitado hablar y hacerme entender que no me ha quedado más
remedio que hacerlo como he podido.
La verdad es que estoy alucinando
con Miguel. Es un jodido valiente. No había estudiado nada de inglés desde que
terminó el instituto y aquí está, contra viento y marea, haciéndose entender y
enterándose de mucho más de lo que habría sido capaz yo en su misma
situación. A veces se frustra un
poquito, pero en esos momentos yo le recuerdo que mi nivel es ínfimamente
superior al suyo a pesar de que yo he hecho unas cuantas cosas en los últimos
años. No es que yo haya hecho la hostia de cosas, pero estuve un mes en Londres
yendo a clase cinco horas diarias, he podido disfrutar de dos becas de cuarenta
horas cada una, este año he aprobado 4º en la Escuela de Idiomas y el año del
máster de la Complutense estuve estudiando inglés en el CSIM, el Centro
Superior de Idiomas Modernos de la Complutense. E, insisto, no me defiendo
mucho mejor que él. Creo que yo debería hacerlo mucho mejor de lo que lo hago
para lo que se supone que sé. Pero es la historia de siempre. En España nos
enseñan gramática, nos obligan a estudiar como si nos estuviéramos aprendiendo
la lista de los reyes godos y nadie nos habla en inglés ni nos hace hablar.
Así, cuando llegas a la vida real, puedes meterte la lista de verbos irregulares
por donde mejor te quepa. Sólo el contacto con el mundo real sirve para
aprender, para mejorar y para, en definitiva, poder decir que has aprendido
inglés.
Estamos a punto de tener conexión
a Internet en casa y en ese momento podremos conectarnos cuando queramos y
donde queramos, dejaremos de depender de una red abierta que nadie sabe de
dónde viene y adónde va. Y con este dato comienza el momento de las anécdotas
chorra. Esta vez tengo una cuantas…
Para empezar, querría manifestar
el desconcierto que me produce la afición de esta gente: se disfrazan para
salir los fines de semana. Los viernes y los sábados puede verse gente
disfrazada por todas partes desde las cinco de la tarde (hora a la que ya están
dándolo todo). Los disfraces van desde lo más selecto y currado hasta lo más
cutre o simple. Puede valer, por qué no, una simple máscara a la veneciana. El
otro día, por ejemplo, llevaba caminando a mi lado a un tío que llevaba una de
esas máscaras como si nada. Iba tan serio, se paraba en los semáforos a esperar
como ciudadano ejemplar y su semblante, su actitud o su postura no parecían
denotar que se percataba de la máscara que llevaba sobre sus gafas. Súper
serio.
El otro día volvió a sonar la
alarma de incendios. Si la primera vez me puso algo nerviosa, en esta segunda
ocasión ya me lo tomé con toda la calma. Estaba lavándome los dientes y terminé
de hacerlo, me calcé, me preparé y a la calle que fuimos a reunirnos de nuevo
con el vecindario. Era la 1:30 de la madrugada y la gente salía bostezando, en
pijama, como si no pasara nada. Siguió bajando gente hasta diez minutos después
de que lo hiciéramos nosotrxs, que tampoco fuimos lxs más rápidxs del
edificio…Como un día haya un incendio, mueren calcinados la mitad de los
habitantes del bloque. Yo misma creo que voy a quedarme durmiendo la próxima
vez que suene. Un día nos pasará como le pasó a Pedro con el lobo (toma cuento
especista que sataniza al pobre lobo).
Hay que tener en cuenta que el
edificio tiene doce plantas y cuando suena la alarma, obviamente, no pueden
usarse los ascensores. Así que la gente baja con calma, paz y sosiego. Nosotrxs
vivimos en el primero. Por eso podemos llegar más o menos rápido a la calle…
Otra anécdota digna de ser
contada es la siguiente: una mañana hace tres o cuatro días me encontraba yo en
la cama tranquilamente, medio despierta y haciendo pereza, mientras Miguel
hablaba en el patio con su hermano Vicente cuando sonó la puerta. Alguien llamó
tocando suavemente la puerta con los nudillos. Como estaba medio dormida, tardé
un poco en reaccionar. Me estaba levantando cuando sonó por segunda vez, pero
ya no me dio tiempo a abrir, porque la puerta se abrió sola…y apareció ante mí,
que estaba en bragas y empanada, el tío de la inmobiliaria. Me pidió perdón y
se puso a hablarme, pero no me enteré de la mitad. Todo sucedió rapidísimo y
cuando quise reaccionar, el tío ya había cerrado la puerta. Luego mandamos un
email a la mujer de la inmobiliaria (Mari Carmen para nosotrxs, Wendy según su
partida de nacimiento) y nos pidió perdón, nos explicó que se les habían
mezclado todas las llaves del edificio y que el bueno de Deniss (el calvo que
me vio en bragas) estaba intentando reorganizar su manojo de keys.
Como no podría ser de otro modo,
cuando salí al patio para contárselo a Miguel, dijimos el “al blog que va” que decimos con cierta asiduidad.
Os contaba el otro día que ya
tenemos carnet de la biblioteca, pero entonces no sabíamos todavía que aquí las
bibliotecas cobran. No cobran por todo y los precios no son muy elevados, pero
cobran. Hay que pagar por llevarse DVDs, música, best seller y alguna cosa más. Creo que los libros mundanos son
gratis. Si te retrasas en la devolución, no pasa como en España (por cada día
de retraso tienes dos de penalización, no puedes usar el carnet). Si te
retrasas, digo, te cobran. Y punto pelota.
Al fin hemos conseguido alquilar El Hobbit (creo que ya contaba en otra
entrada que queríamos verla en versión original para prepararnos para ir al
cine a ver la segunda, que no tendrá subtítulos ni tendrá na, ahí, a lo loco).
Hemos hallado un videoclub no demasiado lejos de casa y antes de ayer la
alquilé. Anoche empezamos a verla y sucedió la tragedia. ¡ME DORMÍ! No sé qué
me pasa. No lo entiendo. Jamás (JAMÁS) me he dormido viendo películas. Y me cae
mal la gente que se duerme viendo películas. Pues bien, en los últimos tiempos
me he dormido viendo tres películas. TRES. TRES.
Y siempre con Miguel. ¿Cuál es el resultado? Que no me cree cuando le digo que
no sólo no me había pasado en la vida sino que me cae mal la gente que lo hace.
Sí. Ahora me caigo mal a mí misma. La vida es dura.
Mamá, Silvia, por favor, decidle
a Miguel lo que he pensado siempre de la gente que se duerme delante de la
tele…y decidle cuántas veces me habéis visto vosotras caer ante una película…
No sé qué me pasa. No sé qué me
pasa. Algo no va bien.
Me pasé la mitad de la película
dando cabezadas ridículas que me ponían de mala hostia. No debí estar dormida
más de cinco minutos seguidos ni una vez. Y cuando ya no podía más y me reconocí
a mí misma que lo que estaba haciendo no tenía sentido, me levanté, fui al
baño, meé, reflexioné y volví diciendo muy convencida “me voy a la cama, esto
no tiene sentido, mañana termino de verla” y Miguel me contestó “ya ha
terminado”. Bueno, bueno, bueno…¡qué mala hostia me entró! Me fui a la cama y
me desvelé (cinco minutos).
Hoy he amanecido fresca como una
lechuguilla, pero deseando ver terminar la película…
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