martes, 11 de marzo de 2014

Ayer tuve el día libre. Aún no me lo puedo creer. Me emociono si lo recuerdo. Fue una experiencia casi mística...Miguel también estaba libre y nos fuimos de excursión. Estuvimos en un sitio que se llama Long bay que es muy agradable. Estaba un poco seco (tipo matojo amarillo) en algunas zonas, pero se podía intuir el esplendor del lugar en épocas más húmedas. De todos modos, había sitios bien verdes...Aún no he conseguido entender por qué, pero de vez en cuando pasa eso: zonas muy verdes entre zonas más amarillas...New Zealand is strange.
El sitio, como digo, era bonito y agradable. Paseamos largo tiempo y casi morimos de inanición. Así fue. 
Miguel y yo tuvimos la brillante idea de irnos a un parque natural y a una playa muy bonitas a una hora de autobús from Auckland sin un mísero bocadillo. Y allí, obviamente, no había dónde comprar. Miguel había desayunado algo más (unas tostadicas, unas galleticas, un zumico...), pero yo me había comido un triste panecillo con Nutino, un sucedáneo de la Nutella del que estoy muy orgullosa y que forma parte de mi dieta básica (junto con los noodles y las galletas). Por ese motivo, casi me muero del hambre. Miguel también pareció desfallecer en algún momento, pero al final sobrevivimos. Mi churri, que es más espabilao que yo, había cogido una bolsa de patatas a la que le quedaban más o menos siete o ocho patatas y las migajas, así que entre eso, la botella de agua (menos mal que por lo menos llevábamos agua) y un chicle, pudimos engañar al estómago hasta que volvimos a Auckland y comimos como si no hubiera un mañana...Cuando digo "comimos", me refiero al acto de ingerir alimentos, pero debería decir "cenamos" porque conseguimos regresar y comer a eso de las nueve de la noche. Sólo anduvimos nosécuántoskilómetrossincomernadaentodoeldíaaplenaluzdelsol. Tampoco fue para tanto...
¿Y lo que nos reímos? ¡Muy divertido!
Vimos pájaros patilargos de los de aquí, Miguel me hizo un millón de fotos en la que salí fatal, para no romper la costumbre, paseamos, charlamos, nos bronceamos y nos lo pasamos bien. ¡Y pasamos un día entero juntxs y solxs! Eso no pasaba desde que llegamos aquí.

En otro orden de cosas, quiero contaros que acabo de renunciar a la academia. "¿Cómo? ¿Por qué?", os preguntaréis. Pues bien, es sencillo: no puedo aguantar más sin tener un jodido día libre. Estoy harta. Desde el 15 de diciembre que empecé a trabajar he tenido dos días libres: el día que nos fuimos con Leti y Carlos a Waiheke y ayer. 
Hoy termino con el grupo de los martes y con el de los miércoles me quedan dos semanas más. He escrito al dueño de la academia para preguntarle qué va a pasar y si pretende darme más clases, comentándole que mi madre viene en abril y que entonces tendré una semana libre en El Faro porque me voy a ir con ella a Bay of islands y el tío me ha dicho muy educadamente que me vaya a tomar viento fresco. Yo, en el fondo, pensaba que ya no iban a salir más clases y me había hecho a la idea de que me quedaba sin academia, recuperando así mi libertad en los dos días que no trabajo en el restaurante (martes y miércoles, los días que trabajo en la academia). Pero resulta que sí que van a abrirse nuevos grupos...Y este hombre me ha dicho que si voy a irme una semana en abril, igual sería mejor "que vuelva a ellos cuando haya terminado mis viajes", así que digamos que me ha facilitado la decisión que me costaba tomar por mí misma...Estoy contenta en la academia y encima es dinero, así que no veía el modo de dejarlo si me ofrecían más clases, pero digamos que ahora ya no es una cuestión de mi elección porque dice, y me parece lógico y comprensible, que no quiere profesores de repuesto porque da mala imagen cambiar de profesor una semana en un curso que sólo dura ocho semanas. Y estoy de acuerdo, la verdad. La cosa es que veo estúpido que me diga que vuelva cuando haya hecho "mis viajes". Se trata sólo de dos días en lo que a él respecta y cuando mi madre se marche de nuevo, él tendrá los grupos ya abiertos y en mitad del curso, así que no creo que entonces pueda darme trabajo. 
Buscaré clases particulares, que dan más libertad. That´s all. Como ya sabéis, mañana empiezo una nueva clase particular. Y sigo con mi querido Sinosuke, como le llama Miguel. 
Necesito, NECESITO, tener al menos un día libre a la semana. Cuestiones de salud mental. Evito la alienación, así soy yo.

Quiero seguir contando cosas de este lugar tan remoto:

Creo que necesitáis saber que aquí la gente anda raro. Literalmente. He visto mucha gente con los pies torcidos. A lo mejor por eso se chocan contra ti cuando tratas de caminar por la calle sin hacerle ningún mal a nadie...No aguanto la torpeza en las aglomeraciones...No me parece tan difícil echarte a un lado cuando viene alguien de frente o sentir que llevas a alguien detrás que intenta adelantarte, por ejemplo. Pero ellxs no parecen darse cuenta...
Supongo que ya habréis aprendido a diferenciar entre mis ironías y las cosas que son literales. Obviamente, lo de los pies torcidos es una exageración, una sátira, una burla (aunque es cierto que he visto en tres meses aquí mucha más gente con los pies torcidos que en toda mi vida en España), pero lo de que no saben convivir en espacios con mucha gente lo digo completamente en serio y me pone bastante nerviosa.

Otra cosa que llama mi atención cada día es que aquí muchos mendigos (y utilizo el masculino porque siempre son hombres) son jóvenes y aparentemente capacitados para hacer una vida normal, incluyendo un trabajo (tened en cuenta que este país no conoce el paro...) Me resulta extraño que un tipo de mi edad esté tirado en la calle pidiendo. El modelo de mendigo mayor que puedes ver en las calles de Madrid sobre el que pueden ocurrírsete mil historias que expliquen su situación también existe aquí, pero abunda ese otro tipo de vagabundo joven que te pide desde el suelo con los pies tapados con una manta en la calle principal de Auckland.

Creo que ya he hecho alusión al gusto que siente Miguel por abrir el buzón. Parece que a estas alturas todavía no ha comprendido que sólo recibimos facturas y cartas de mi abuela. Las cartas de mi abuela son muy gratas y hacen ilusión (ya podíais escribirnos vosotrxs que me leéis aquí, ¿eh?), pero las facturas, no. Y Miguel abre el buzón con una ilusión...
Bien es verdad que recibimos una postal de Chuchi y Men que tardó más de un mes en llegar desde Canarias que nos hizo muchísima ilusión. Pero no solemos recibir cosas tan guays...

Ahora voy a limpiar la casa porque los de la inmobiliaria nos han mandado una carta y un email (saben cómo estar a la última sin perder las viejas costumbres) para decirnos que van a venir a ver la casa hoy, mañana o pasado y que van a entrar estemos nosotrxs o no porque tienen llaves. Así se las gastan. 

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